6. Los hijos que Dios quiere Eclo 3,writing 2480987 MINI 1-16

 

0. Oración: Espíritu Santo

1. Lectura del texto: Eclo 3, 1-16 (LECTIO)

. Realidad: la relación con nuestros padres forma parte del entramado de la vida. Generalmente están marcadas por el respeto y el cariño. Otras veces, las cosas no son tan sencillas y se dan situaciones difíciles en la relación padres e hijos. Por otra parte, a todos nos preocupa sí el futuro de nuestros hijos, pero también el de nuestros padres:  qué pasará cuando lleguen a la vejez, cómo debemos actuar en esos momentos, como marcará nuestro modo de organizar la vida. En todos estos casos buscamos no equivocarnos para no provocar situaciones que generen dolor y sufrimiento. Los sabios dan estos consejos; es una bendición encontrar este tipo de personas que ayudan en las distintas dimensiones de la vida, personas que tienen ya recorrido un buen trecho, tienen experiencia y saben transmitir criterios para encontrar el camino de la felicidad.

 

 

. Compartimos: cómo es la relación con mis padres; cómo afronto la vejez y ancianidad…

. La palabra de un sabio

Hemos visto cómo la familia constituye una realidad esencial para crecer en las dimensiones fundamentales de la vida; también hemos visto que la institución familiar ayudó en entender la relación del pueblo de Israel con Dios y formó parte de la vida del mismo Jesús.  Escuchamos ahora en el Eclesiástico los consejos que un sabio ofrece a los hijos con respecto a sus padres.

El libro del Eclesiástico forma parte de los llamados libros sapienciales de la Biblia. Lo escribió, en torno al año 17 a.C., un sabio maestro, Jesús ben Sira, por eso se le conoce también como “Sirácida”. Fue escrito en hebreo, pero su nieto lo tradujo al griego y así nos ha llegado En él se recogen toda una serie de reflexiones sobre la sabiduría de Israel, cuyas máximas pretenden ayudar a conducirse por el camino de la vida y enseñar los principios de la ley. Trata, entre otros temas, la relación entre padres e hijos.

Los libros sapienciales son cinco: Proverbios, Job, Eclesiastés (Qohelet), Eclesiástico (Sirácida) y Sabiduría.  Estos dos últimos pertenecen a la tradición griega y no pasaron a la Biblia judía pero sí a la cristiana. Coinciden en la finalidad de enseñar “el arte de vivir”, es decir, el camino para ser feliz en la vida y cómo vivir según Dios quiere.

 

. Eclo 3, 1-16: quién habla, a quién se dirige, temática general… (Previo 2, 1-18)

El autor coloca estas exhortaciones a los hijos inmediatamente después de haber recomendado el temor y la confianza en Dios (Eclo 2, 1-18). Los padres comparten con el Creador la misión de dar vida, así que, al honrarlos, se honra a Dios mismo.  Esta idea se va repitiendo a lo largo del pasaje. El texto se compone de una serie de instrucciones o consejos del autor. Se dirige a los que son hijos para que se adquieran una serie de actitudes correctas respecto a sus padres y para que rechacen otras.

. Eclo 3, 1-2: qué pide, qué consecuencias y cuál es la razón de lo que pide: “Escuchen, hijos míos a su padre, háganlo y se salvarán. Porque el Señor quiere que los padres sean respetados por los hijos y afirma la autoridad de la madre sobre ellos”.

Comienza con un imperativo: “Escuchad”, típico de las exhortaciones de sabios, padres o maestros. Se dirige a los hijos que, pueden ser entendidos también como sus discípulos. Piden que escuchen y pongan en práctica los consejos del padre. Y es que, según la mentalidad judía, la escucha no se ha realizado si falta la obediencia (práctica). Ambas van íntimamente unidas. La consecuencia de esta doble actitud sorprende por su alcance: “y os salvaréis”, es decir, lograréis la dicha perfecta, el éxito en el camino de ser personas íntegras.

El sabio justifica su exhortación refiriendo la supremacía que Dios ha dado a los padres sobre los hijos. En la actualidad puede sorprender este razonamiento, pero no olvidemos que, en el texto bíblico, encontramos ante una sociedad de tipo patriarcal, en la que los hijos deben incondicional respeto y obediencia a sus progenitores, contemplados como mediación que conduce a Dios.

. vv 3-11: tema y consecuencias: “el que honra… alcanza el perdón, el que respeta… amontona tesoros… la bendición afianza las raíces, la maldición de la madre arranca lo plantado”.

La honra de los padres, fuente de bendición

Las consecuencias del respeto a los padres son importantes. Se establece una secuencia de cinco. La primera es la más significativa por su valor teológico. El hijo ve perdonados sus pecados, una alusión que recuerda la promesa de la salvación del v. 1. El autor liga perdón con respeto a los padres. Además: acumulará tesoros, sus propios hijos lo llenarán de alegría al ser muchos, su oración será escuchada, tendrá larga vida. Se unen así los ámbitos de la vida religiosa y terrenal.

Se cierra esta secuencia con un salto, aludiendo a la obediencia al Señor (v. 6). Como ya señalado el sabio pone ambas realidades en un mismo plano haciendo ver que están íntimamente relacionadas. Cabe subrayar que lo que el hijo recibe a cambio de respetar a los padres forma parte de las bendiciones típicas de la obediencia a la ley cumpliendo la alianza (Dt 28; Lv 26).

. vv 8-10: de la palabra y honra de tu padre vendrán ti todas las bendiciones; la bendición del padre afianza las raíces; la maldición de la madre arranca lo plantado. No busques honra en la humillación de tu padre, porque no sacarás honra de ella…”

El sabio hace una nueva exhortación a los hijos para que honren a sus padres, Lo deben hacer con obras y palabras, de manera que no haya lugar para la palabra hueca ni para los gestos fríos y carentes de ternura; a cambio, recibirán la bendición del padre. En el AT la bendición da consistencia a la familia, es decir, asegura el futuro de la descendencia, la estabilidad de la casa que así puede “echar raíces”. En cambio, la maldición termina por derrumbar los cimientos, por arrancar lo plantado.

Es importante subrayar las experiencia y tradiciones que acumulan los mayores para la profunda comprensión de uno mismo, de la historia familiar, del crecimiento social.  Recordar de dónde venimos y adónde vamos nos ayuda a la realización personal y de la comunidad.  Olvida ro menospreciar esto es señal de una cultura decadente. Ser bendecido es permitir ser incluido, como eslabón, en una cadena de tradiciones vivas y creadoras: así “trabaja” el Dios de la vida; de nuevo los caminos de la relación con los padres y con Dios se vuelven a unir.

El texto nombra al padre y a la madre en versículos separados con el recurso literario del paralelismo, pero el contenido de lo que se dice corresponde a los dos. Ambos, tiene la responsabilidad en la educación de los hijos.

. vv. 10-11: “La honra de un hombre es la honra de su padre, y la deshonra de la madre es vergüenza de los hijos”.

El texto habla de la deshonra de los padres, que es la vergüenza de los hijos. En aquella época, el honor y el buen nombre familiar eran muy importantes y su custodia correspondía a los varones de la casa. Cualquier merma del honor implicaba minusvaloración social y debía ser defendida públicamente. En caso contrario toda la familia quedaba marcada y señalada por el entorno. De ahí que este pasaje se preocupe tanto de la honra y deshonra que, además, se heredaba. Es decir, si el padre goza de una baja estima social, lo mismo corresponderá a todos los miembros de la casa, incluidos los hijos.

. vv. 12-13: “Hijo mío, sé constante en honrar a tu padre, no lo abandones mientras viva; aunque su inteligencia se vaya debilitando, sé comprensivo; no lo hagas avergonzar mientras viva”

. La vejez de los padres, camino de salvación

Se ocupa ahora de la actitud de los hijos en la vejez de los padres. Al imperativo se une el apelativo: “hijo mío”. Le pide que no deje de prestar ayuda al padre, que cuide de su honor; este cuidado debe prolongarse incluso cuando ya la mente comience a fallar cuando parezca ya más un “niño” que un “padre”. Es el momento de ser indulgente con él. El hijo, que tiene más vigor, debe cuidar del padre; su fuerza ha de servirle no para dejarlo sino para ayudarle.

. vv 14-16: consecuencias e insistencia: “La ayuda que diste a tu padre no se olvidará, será tenida en cuenta para pagar tus pecados; el día del peligro Dios se acordará de ti y disolverá tus pecados como el calor la escarcha”. Quien desprecia a su padre es un blasfemo, quien insulta a su madre es maldecido por su Creador”.

Vuelve a recalcar las consecuencias que tiene el cuidado del padre. La limosna, es decir, la ayuda prestada a los padres, el dinero gastado para su cuidado, las fuerzas entregadas, no caerán en saco roto. Todo ello traerá el perdón de los pecados. Puede que la mente del padre o la madre no estén ya en condiciones de “pagar” los cuidados dados, para dar gratificaciones ni pare reconocer las atenciones recibidas. Pero hay alguien que no olvida: Dios.

El Señor se acordará del hijo en momentos de aflicción, cuando necesite ayuda y deshará sus pecados como hace el sol con la escarcha. La honra y el cuidado de ellos padres son camino de salvación, para obtener el perdón. Por eso quien desampara o abandona a sus padres es un blasfemo, está atetando contra el mismo Dios. Quien maltrata a la madre se convierte en un maldito por Dios. Dios es el referente último del comportamiento del hijo. La causa de los padres es la causa de Dios. Los padres son fuente de vida y de amor divinos.

. Profundizamos:

El texto leído se inspira en el cuarto mandamiento del decálogo: “Honrarás a tu padre y a tu madre” (Ex 20, 12; Dt 5, 16). Como toda la ley de la Alianza este mandamiento encuentra su pleno sentido en el contexto de la liberación de Egipto.  El faraón imponía su autoridad y las leyes estaban hechas por los de “arriba” para que fueran cumplidas por los de “abajo”, Rescatando a su pueblo, Dios le regala a la libertad y les compromete en un nuevo orden social: la autoridad es la del padre-madre o del feje del clan, que conoce a los suyos y quiere su bien. 

Los hijos están llamados a acatar esas órdenes que buscan el bien común. Consecuencia es su bendición-promesa. “Para que vivas muchos años en la tierra que el Señor, tu Dios, teda”. Las bendiciones corresponden a la observancia de la ley (riqueza, felicidad, descendencia, larga vida…, Dt 28) son las que se aplican también a quienes obedecen a sus padres y los honran.

Despreciar a los padres supone poner en peligro la liberación iniciada en el éxodo y dirigida a habitar una tierra en la que todos puedan vivir con dignidad y libertad. Si una generación, la de los mayores, es menospreciada, no se es fiel al Señor liberador, no se siguen sus mandatos y la libertad el pueblo está en peligro. Por eso el sabio coloca el respeto a los padres y la obediencia a Dios en un mismo plano haciendo ver que están íntimamente relacionadas. Jesús nos enseñará a dirigirnos a Dios como Padre renovando la identidad de hijos que tenemos.

 

. En la Biblia:

Eclo 7, 27-28: “Honra a tu padre de todo corazón y no olvides los dolores de tu madre; recuerda que ellos te engendraron:  ¿qué les darás por lo que te dieron?”

Prov 1, 8; 6, 20-22: “Guarda hijo mío, el mandato de tu padre, no rechaces la enseñanza de tu madre. Grábalos siempre en tu mente, cuélgatelos alrededor del cuello. Cuando camines te guiarán, en el sueño junto a ti velarán, cuando despiertes, contigo conversarán”

Tob 4, 3-4: “Entonces llamó a su hijo Tobías, y cuando se presentó, le dijo: Entiérrame. No descuides a tu madre.  Respétala toda la vida, tenla contenta y no le des disgustos.  Acuérdate de los muchos peligros que pasó cuando te llevaba en el seno. Y, cuando muera, entiérrala junto a mí, en la misma sepultura”.

Ef 6, 1-3: “Hijos, obedezcan a sus padres (en atención del Señor), porque esto es lo justo. El primer mandamiento que contiene una promesa es este:  Honra a tu padre y a tu madre para que te vaya bien y vivas mucho tiempo en la tierra”.

Col 3, 20-21. “Hijos, obedezcan a sus padres en todo como le agrada al Señor. Parees, no hagan enojar a sus hijos, para que no se desanimen”.

 

. Carta a las familias, San Juan Pablo II, 02.02.1994: leer

. Catequesis del Papa Francisco sobre los mandamientos

. Amoris laetitia, cap. VII: Fortalecer la educación de los hijos

. “Aquellos que no tienen cuidado de sus padres, sepan que son condenados por un doble tribunal; son condenados por impiedad en el tribunal divino, porque no tratan como deben a aquellos que son, después de Dios, autores de su existencia; son condenados por inhumanidad en el tribunal humano, pues ¿a quién harán el bien los que no sienten respeto a tan próximos y beneméritos parientes, a quien ningún beneficio se puede hacer que no sea inferior a los recibidos?” (Filón de Alejandría, 15 a.C.-45 d.C., reputado filósofo judío).

. En la Biblia, el mandamiento de honrar a los padres se expresa en positivo. Dice que hay un “sí” grande antes de todo “no”, un don primero que nos enseña a recorrer el camino y a cruzar la distancia de la entrega de sí.  El mandamiento afirma: debes todo a otros que te han amado primero. A partir de ahí, consciente de este gran amor, se hace posible cualquier camino por cualquier desierto (Congreso Latinoamericano de Agentes de Pastoral familiar, 2014, 3.2).

 

2. Miramos la vida (MEDITATIO)

Interpela nuestra vida:

. Nos hablaría de su identidad de sabio, de la verdad que encierran sus enseñanzas, del camino de felicidad que hay en ellas; nos preguntaría sobre el modo de conducirnos en la vida y la atención que damos a los consejos de los sabios. Qué valor doy a la experiencia o a los consejos de los otros… sé aconsejar a los demás desde los criterios del evangelio…

. Haría resonar de nuevo sus palabras sobre el mandato de honra a los padres y nos cuestionaría sobre la relación que tenemos con nuestros padres. ¿Tengo presente en mi vida el amor y cuidado de mis padres como un mandato divino? ¿Cómo es mi comportamiento con ellos?

. Nos señalaría las consecuencias que se obtienen al honrar a los padres. Nos interpelaría a mirar nuestra vida y a reconocer las situaciones positivas y negativas que nacen de las diferentes actitudes ante los padres. ¿Soy consciente de lo que aportan a mi vida mis padres? ¿Reconozco todo lo que recibo a través de ellos? ¿Cómo valoro su presencia en mi vida?

. Nos insistiría en que el trato con los padres en el tiempo de la vejez es el que pone a prueba realmente el mandamiento de Dios. Nos cuestionaría sobre el modo de comportarnos con nuestros padres ancianos, sobre el mod de afrontar sus limitaciones físicas, mentales. ¿Cómo es mi trato con los ancianos? ¿Con qué criterios afronto las decisiones a tomar en la vejez de mis padres?

. Nos haría meditar sobre la relevancia espiritual y teológica que encierra la relación con los padres. Ella constituye un camino de encuentro con Dios. De la honra a los padres se hace depender el perdón de los pecados, la bendición y la salvación. El valor espiritual de la relación con los padres para nuestra vida de fe. ¿Soy consciente de que mi salud espiritual depende también del modo de honrar a mis padres?

 

3. Convidados a rezar (ORATIO-CONTEMPLATIO)

 Guiados por la fuerza del Espíritu rezamos:

. Damos gracias a Dios por el don de la vida recibido a través de nuestros padres. Les agradecemos cuanto han hecho y hacen por nosotros, sus preocupaciones, desvelos, cuidados… ponemos ante Dios sus errores y limitaciones para que sean transfigurados por su infinita misericordia.

. Presentamos al Señor la vida de cada uno de nuestros padres y madres, especialmente de quienes se encuentran en situaciones difíciles para que Dios les fortalezca y nos de la fuerza de mostrarles siempre nuestra cercanía y amor.

. Pedimos perdón por todos nuestros comportamientos erróneos, que hacen sufrir y causan dolor a nuestros padres. Por todos los egoísmos y orgullos que nos hacen “arrinconarlos”, al margen de la vida diaria y que nos llevan a desentendernos de ellos.

. Pedimos al Señor por todas las personas dedicadas al cuidado de los enfermos y ancianos en asilos, residencias, comunidades religiosas… para que en estos lugares se vivan relaciones fraternas y humanitarias y no se cometan atropellos contra la dignidad de los mayores.

. Pedimos al Señor que nos haga descubrir su huella en el amor a los padres, a valorar como “sagrado” el amor y el tiempo dedicado a su cuidado y atención.

4. ¿Hacia dónde nos encamina el Espíritu? (ACTIO)

. Compromiso de vida

. Oración:

“Dios, concédeme comprender mejor a mis padres, y saber devolverles amor por amor.

Si yo no puedo amarlos como antes es que debo amarlos más. No ya como un niño que balbucea, sino como un hombre que sabe lo que tiene que decir, y que expresa su alma en un lenguaje dulce y fuerte. Yo me acercaré a mi padre y a mi madre, que sufren por mí, y cuyo trabajo hasta ahora no he apreciado.

Esta noche diré y repetiré, con más comprensión que otras veces, la antigua oración de mi infancia:

Padre nuestro, que estás en los cielos, escucha a tus hijos. Te pedimos por nuestros padres.

Por medio de ellos nos lo diste todo, devuélveles todo el bien que nos han hecho.

Nos han dado la vida: consérvales la salud.

Nos han dado el alimento: dales el pan de cada día.

También nos han dado el vestido: que sus almas se hallen vestidas siempre de tus gracias. Concédeles sobre la tierra la felicidad que se encuentra en servirte y amarte. Y haz que podamos estar un día reunidos en el cielo”.

Amén

. Somos la familia de Dios. Encuentros bíblicos desde la Lectio Divina para una Pastoral Familiar, evd, 2014, 4

RESUMEN

 

6. Los hijos que Dios quiere – Eclo 3, 1-16

0. Oración: Espíritu Santo

1. Lectura del texto: Eclo 3, 1-16 (LECTIO)

. Realidad: la relación con nuestros padres forma parte del entramado de la vida.

. Compartimos: cómo es la relación con mis padres; cómo afronto la vejez y ancianidad…

. La palabra de un sabio

Hemos visto cómo la familia constituye una realidad esencial para crecer en las dimensiones fundamentales de la vida; también hemos visto que la institución familiar ayudó en entender la relación del pueblo de Israel con Dios y formó parte de la vida del mismo Jesús.  Escuchamos ahora en el Eclesiástico los consejos que un sabio ofrece a los hijos con respecto a sus padres.

Los libros sapienciales son cinco: Proverbios, Job, Eclesiastés (Qohelet), Eclesiástico (Sirácida) y Sabiduría.  Estos dos últimos pertenecen a la tradición griega y no pasaron a la Biblia judía pero sí a la cristiana. Coinciden en la finalidad de enseñar “el arte de vivir”, es decir, el camino para ser feliz en la vida y cómo vivir según Dios quiere.

 

. Eclo 3, 1-16: quién habla, a quién se dirige, temática general… (Previo 2, 1-18)

El autor coloca estas exhortaciones a los hijos inmediatamente después de haber recomendado el temor y la confianza en Dios (Eclo 2, 1-18). Los padres comparten con el Creador la misión de dar vida, así que, al honrarlos, se honra a Dios mismo.  Esta idea se va repitiendo a lo largo del pasaje. El texto se compone de una serie de instrucciones o consejos del autor. Se dirige a los que son hijos para que se adquieran una serie de actitudes correctas respecto a sus padres y para que rechacen otras.

El sabio justifica su exhortación refiriendo la supremacía que Dios ha dado a los padres sobre los hijos. En la actualidad puede sorprender este razonamiento, pero no olvidemos que, en el texto bíblico, encontramos ante una sociedad de tipo patriarcal, en la que los hijos deben incondicional respeto y obediencia a sus progenitores, contemplados como mediación que conduce a Dios.

El sabio hace una nueva exhortación a los hijos para que honren a sus padres, Lo deben hacer con obras y palabras, de manera que no haya lugar para la palabra hueca ni para los gestos fríos y carentes de ternura; a cambio, recibirán la bendición del padre. En el AT la bendición da consistencia a la familia, es decir, asegura el futuro de la descendencia, la estabilidad de la casa que así puede “echar raíces”. En cambio, la maldición termina por derrumbar los cimientos, por arrancar lo plantado.

Es importante subrayar las experiencia y tradiciones que acumulan los mayores para la profunda comprensión de uno mismo, de la historia familiar, del crecimiento social.  Recordar de dónde venimos y adónde vamos nos ayuda a la realización personal y de la comunidad.  Olvida ro menospreciar esto es señal de una cultura decadente. Ser bendecido es permitir ser incluido, como eslabón, en una cadena de tradiciones vivas y creadoras: así “trabaja” el Dios de la vida; de nuevo los caminos de la relación con los padres y con Dios se vuelven a unir.

El texto habla de la deshonra de los padres, que es la vergüenza de los hijos. En aquella época, el honor y el buen nombre familiar eran muy importantes y su custodia correspondía a los varones de la casa. Cualquier merma del honor implicaba minusvaloración social y debía ser defendida públicamente. En caso contrario toda la familia quedaba marcada y señalada por el entorno. De ahí que este pasaje se preocupe tanto de la honra y deshonra que, además, se heredaba. Es decir, si el padre goza de una baja estima social, lo mismo corresponderá a todos los miembros de la casa, incluidos los hijos.

El Señor se acordará del hijo en momentos de aflicción, cuando necesite ayuda y deshará sus pecados como hace el sol con la escarcha. La honra y el cuidado de los padres son camino de salvación, para obtener el perdón. Por eso quien desampara o abandona a sus padres es un blasfemo, está atetando contra el mismo Dios. Quien maltrata a la madre se convierte en un maldito por Dios. Dios es el referente último del comportamiento del hijo. La causa de los padres es la causa de Dios. Los padres son fuente de vida y de amor divinos.

 

. Profundizamos:

El texto leído se inspira en el cuarto mandamiento del decálogo: “Honrarás a tu padre y a tu madre” (Ex 20, 12; Dt 5, 16). Como toda la ley de la Alianza este mandamiento encuentra su pleno sentido en el contexto de la liberación de Egipto.  El faraón imponía su autoridad y las leyes estaban hechas por los de “arriba” para que fueran cumplidas por los de “abajo”, Rescatando a su pueblo, Dios le regala a la libertad y les compromete en un nuevo orden social: la autoridad es la del padre-madre o del feje del clan, que conoce a los suyos y quiere su bien. 

Los hijos están llamados a acatar esas órdenes que buscan el bien común. Consecuencia es su bendición-promesa. “Para que vivas muchos años en la tierra que el Señor, tu Dios, teda”. Las bendiciones corresponden a la observancia de la ley (riqueza, felicidad, descendencia, larga vida…, Dt 28) son las que se aplican también a quienes obedecen a sus padres y los honran. Despreciar a los padres supone poner en peligro la liberación iniciada en el éxodo y dirigida a habitar una tierra en la que todos puedan vivir con dignidad y libertad. Si una generación, la de los mayores, es menospreciada, no se es fiel al Señor liberador, no se siguen sus mandatos y la libertad el pueblo está en peligro. Por eso el sabio coloca el respeto a los padres y la obediencia a Dios en un mismo plano haciendo ver que están íntimamente relacionadas. Jesús nos enseñará a dirigirnos a Dios como Padre renovando la identidad de hijos que tenemos.

 

. En la Biblia:

Eclo 7, 27-28: “Honra a tu padre de todo corazón y no olvides los dolores de tu madre; recuerda que ellos te engendraron:  ¿qué les darás por lo que te dieron?”

Prov 1, 8; 6, 20-22: “Guarda hijo mío, el mandato de tu padre, no rechaces la enseñanza de tu madre. Grábalos siempre en tu mente, cuélgatelos alrededor del cuello. Cuando camines te guiarán, en el sueño junto a ti velarán, cuando despiertes, contigo conversarán”

Tob 4, 3-4: “Entonces llamó a su hijo Tobías, y cuando se presentó, le dijo: Entiérrame. No descuides a tu madre.  Respétala toda la vida, tenla contenta y no le des disgustos.  Acuérdate de los muchos peligros que pasó cuando te llevaba en el seno. Y, cuando muera, entiérrala junto a mí, en la misma sepultura”.

Ef 6, 1-3: “Hijos, obedezcan a sus padres (en atención del Señor), porque esto es lo justo. El primer mandamiento que contiene una promesa es este:  Honra a tu padre y a tu madre para que te vaya bien y vivas mucho tiempo en la tierra”.

Col 3, 20-21. “Hijos, obedezcan a sus padres en todo como le agrada al Señor. Parees, no hagan enojar a sus hijos, para que no se desanimen”.

 

. “Aquellos que no tienen cuidado de sus padres, sepan que son condenados por un doble tribunal; son condenados por impiedad en el tribunal divino, porque no tratan como deben a aquellos que son, después de Dios, autores de su existencia; son condenados por inhumanidad en el tribunal humano, pues ¿a quién harán el bien los que no sienten respeto a tan próximos y beneméritos parientes, a quien ningún beneficio se puede hacer que no sea inferior a los recibidos?” (Filón de Alejandría, 15 a.C.-45 d.C., reputado filósofo judío).

 

. Carta a las familias, San Juan Pablo II, 02.02.1994: leer

. Catequesis del Papa Francisco sobre los mandamientos

. Amoris laetitia, cap. VII: Fortalecer la educación de los hijos

2. Miramos la vida (MEDITATIO)

. Nos hablaría de su identidad de sabio, de la verdad que encierran sus enseñanzas, del camino de felicidad que hay en ellas; nos preguntaría sobre el modo de conducirnos en la vida y la atención que damos a los consejos de los sabios. Qué valor doy a la experiencia o a los consejos de los otros…

. Haría resonar de nuevo sus palabras sobre el mandato de honra a los padres y nos cuestionaría sobre la relación que tenemos con nuestros padres. ¿Tengo presente en mi vida el amor y cuidado de mis padres como un mandato divino? ¿Cómo es mi comportamiento con ellos?

. Nos señalaría las consecuencias que se obtienen al honrar a los padres. Nos interpelaría a mirar nuestra vida y a reconocer las situaciones positivas y negativas que nacen de las diferentes actitudes ante los padres. ¿Soy consciente de lo que aportan a mi vida mis padres? ¿Reconozco todo lo que recibo a través de ellos? ¿Cómo valoro su presencia en mi vida?

. Nos insistiría en que el trato con los padres en el tiempo de la vejez es el que pone a prueba realmente el mandamiento de Dios. Nos cuestionaría sobre el modo de comportarnos con nuestros padres ancianos, sobre el modo de afrontar sus limitaciones físicas, mentales. ¿Cómo es mi trato con los ancianos? ¿Con qué criterios afronto las decisiones a tomar en la vejez de mis padres?

. Nos haría meditar sobre la relevancia espiritual y teológica que encierra la relación con los padres. Ella constituye un camino de encuentro con Dios. De la honra a los padres se hace depender el perdón de los pecados, la bendición y la salvación. El valor espiritual de la relación con los padres para nuestra vida de fe. ¿Soy consciente de que mi salud espiritual depende también del modo de honrar a mis padres?

3. Convidados a rezar (ORATIO-CONTEMPLATIO)

. Damos gracias a Dios por el don de la vida recibido a través de nuestros padres. Les agradecemos cuanto han hecho y hacen por nosotros, sus preocupaciones, desvelos, cuidados… ponemos ante Dios sus errores y limitaciones para que sean transfigurados por su infinita misericordia.

. Presentamos al Señor la vida de cada uno de nuestros padres y madres, especialmente de quienes se encuentran en situaciones difíciles para que Dios les fortalezca y nos de la fuerza de mostrarles siempre nuestra cercanía y amor.

. Pedimos perdón por todos nuestros comportamientos erróneos, que hacen sufrir y causan dolor a nuestros padres. Por todos los egoísmos y orgullos que nos hacen “arrinconarlos”, al margen de la vida diaria y que nos llevan a desentendernos de ellos.

. Pedimos al Señor por todas las personas dedicadas al cuidado de los enfermos y ancianos en asilos, residencias, comunidades religiosas… para que en estos lugares se vivan relaciones fraternas y humanitarias y no se cometan atropellos contra la dignidad de los mayores.

. Pedimos al Señor que nos haga descubrir su huella en el amor a los padres, a valorar como “sagrado” el amor y el tiempo dedicado a su cuidado y atención.

4. ¿Hacia dónde nos encamina el Espíritu? (ACTIO)

. Compromiso de vida

. Oración:

“Dios, concédeme comprender mejor a mis padres, y saber devolverles amor por amor.

Esta noche diré y repetiré, con más comprensión que otras veces, la antigua oración de mi infancia:

Padre nuestro, que estás en los cielos, escucha a tus hijos. Te pedimos por nuestros padres. Por medio de ellos nos lo diste todo, devuélveles todo el bien que nos han hecho. Nos han dado la vida: consérvales la salud.

Nos han dado el alimento: dales el pan de cada día.

También nos han dado el vestido: que sus almas se hallen vestidas siempre de tus gracias. Concédeles sobre la tierra la felicidad que se encuentra en servirte y amarte. Y haz que podamos estar un día reunidos en el cielo”.

Amén

. Somos la familia de Dios. Encuentros bíblicos desde la Lectio Divina para una Pastoral Familiar, evd, 2014, 4