9. El padre/madre enseña a ser hijo y hermano – Lc 15, 11-32

0. Oración: Espíritu Santo

 

1. Lectura del texto: Lc 15, 11-32 (LECTIO)

. Realidad: podríamos pensar que lo normal entre hermanos es llevarse bien, si quiera por los lazos de sangre y por el tiempo vivido bajo el mismo techo compartiendo vivencias, pan, padres, juegos… Sin embargo, muchas personas viven unas relaciones fraternas marcadas por la distancia, los enfados, enfrentamientos con hermanos-as. Casi nunca faltan motivos: la herencia, cuestiones económicas, la atención a los padres enfermos, agrias discusiones entre cuñados-as. Hace falta mucho diálogo, comprensión y perdón para superar estas situaciones y reconstruir la relación. Con frecuencia son los padres, si viven, los que deben mediar y poner paz.

. Compartimos: conozco personas enfrentadas con sus hermanos-as. Qué les diría para ayudarles a reconstruir las relaciones rotas…

. El padre/madre que enseña a sus hijos a ser hermanos

Tras examinar la familia desde la perspectiva de los esposos y de la relación de ambos con los hijos pasamos a una tercera relación fundamental: la hermandad. Una relación que resulta inseparable del vínculo entre padres e hijos, que es la meta de un largo proceso y en la que los padres desempeñan un importante papel.  Siendo una vivencia tan humana la Biblia no podía dejar de recoger esta experiencia, ofreciendo pistas para reconducirla según los planes de Dios. Desde esta perspectiva nos acercamos a la parábola de Lucas.

. Lc 15, 11-13: protagonista, personajes…

Habitualmente conocida como parábola del hijo pródigo; otros prefieren llamarla de Padre misericordioso (que acoge tanto al que se marcha como al que, manteniéndose en la casa paterna, no había aprendido a ser hijo ni hermano).

La llamada parábola del hijo pródigo solo tiene sentido pleno dentro del cap. 15 de Lucas, donde Jesús intenta explicar a los fariseos por qué acoge a los pecadores y come con ellos: su comportamiento es signo del amor de Dios que busca siempre al que anda perdido.

. v. 15, 11-13: la herencia repartida y un largo viaje largamente planeado-el hijo menor

El hijo menor pide la parte de la herencia que le corresponde. Con el dinero se marcha lejos como seguramente tenía planeado desde tiempo.  Al pedir su parte de la herencia manifiesta, en cierto modo, su deseo de que el padre muera (la muerte del padre es al fin y al cabo el modo normal de entrar en posesión de la herencia); el carácter lejano del país al que se marcha indica que no tiene intención de mantener ninguna relación con su padre, ni de volver.

Aunque los padres aman por igual a todos sus hijos y tratan en consonancia con ese amor, cada hijo es diferente, con circunstancias peculiares y esto lleva a los padres a manifestar ese mismo amor de modo diverso. En el caso de la parábola hace algo sorprendente: “repartió los bienes entre sus dos hijos”. Dio su parte al menor (que se la había pedido) y al mayor (que no lo había hecho). No podía obrar con mayor igualdad, pero la evolución posterior de los acontecimientos va a hacer de este acto de igualdad una fuente de conflictos. De momento, el pequeño, toma la suyo y se marcha; el mayor se queda… el hijo menor pasa a ocupar el primer plano de la historia.

. v. 14-20a: cambios en la situación, decisión

Al principio vive desenfrenadamente, pero una grave crisis económica le lleva a “padecer necesidad”. Solo y sin salidas, toma una decisión inaudita para una persona criada en una familia honorable. Cuidar cerdos (animal impuro para un judío) y ¡gratis! (pues nadie le daba de comer). Muestra hasta dónde se había degradado el joven heredero.  Recuerda que, hasta los jornaleros de la casa de su padre, viven mejor que él. Cuanto más aprieta el hambre el padre “que había muerto” para él cuando tomó lo suyo y se fue vuelve a su memoria. Acto seguido, sin esperar, “se puso en camino”.

. v. 20b-24: el padre

Hechos son amores.

Lo primero que hace el padre no es hablar, sino sentir, actuar… ve al hijo desde lejos, lo reconoce; se siente “profundamente conmovido” y, sin esperar a que llegue, sale a su encuentro, lo estrecha entre sus brazos, lo besa (v. 20). No hay reproches, ni preguntas, ni un apalabra… quien habla es el hijo. Empieza a recitar el discurso preparado; con él pretendía convencer al padre, enternecerlo, conseguir un puesto como jornalero en aquella casa. El “pero” con el que empieza el v. 22 indica que las palabras del joven son inútiles, están de más. El padre no las toma en consideración, las interrumpe, poco le importa si el hijo es sincero o no, si vuelve por amor o por interés o por hambre… su hijo siempre será su hijo.

. v. 22-24

El padre habla dirigiéndose a sus criados. Primero les manda que vistan a su hijo con las mejores ropas, que lo pongan un anillo y que lo calcen: con estos signos el padre lo reconoce y presenta ante todos como su hijo. Le devuelve la dignidad y le entrega el anillo con el sello familiar: ¡al hijo derrochador le permite de nuevo disponer de los bienes del padre! A continuación, ordena matar el ternero cebado y hacer fiesta, banquete y expresa la razón de todo: “Este hijo mío estaba muerto y ha vuelto a la vida; se había perdido y lo hemos encontrado” (v. 24).

. v. 25-28a: el hijo mayor

En aquella casa donde uno de los hijos “estaba muerto” no sería habitual la música y los cánticos. El hermano mayor al acercarse y oírlos se extraña y pregunta qué significa aquello. “Tu padre hace fiesta porque tu hermano…”, responde el criado. La reacción es irritarse y negarse a entrar. Sus sentimientos distan mucho de los del padre.

. v. 28-32: padre/madre, hijos, hermanos…

El padre pide al hijo mayor que entre y participe en la fiesta porque era otro “hijo pródigo”. Ambos querían vivir su vida sin reconocerse hijos y hermanos: el menor desde la rebelión, el mayor desde la sumisión sin amor. Ninguno conocía el corazón del padre. Por eso, cuando al padre provoca el diálogo, el hijo mayor le echa en cara la injusticia. Yo soy un buen hijo, te he servido siempre, trabajador y obediente y “tú jamás me has dado ni siquiera un cabrito…” (v 29). Mi comportamiento ejemplar no ha merecido de ti nada, ni merienda, ni fiesta y “ahora resulta que llega este hijo tuyo… y mandas matar el becerro cebado” (v. 30). La lógica es clara y se basa en el mérito de los actos de cada cual: los del pequeño son deplorables y reciben una grandiosa recompensa; los del mayor son loables y no reciben nada. La injusticia es manifiesta y la irritación justificada.

. v. 31-32

El padre recuerda el hijo mayor que es hijo; luego le enseña a ser hermano. “Hijo, tú siempre estás conmigo…”. El hijo mayor parece no recordar que ya le repartió también a él la herencia (v. 12), pero olvida sobre todo que es hijo y se comporta como un siervo que mide su relación con el padre a partir del cumplimiento externo de la norma. El padre va más allá y habla del valor inmenso de la relación. Lo que importa es ser hijo; de hecho, lo que le dolió del pequeño no son los bienes perdidos sino el “hijo perdido”. Con estas palabras intenta corregir la actitud del hijo mayor. Espera que el primogénito redescubra el amor fraterno y, como el pequeño, brote una nueva fuerza de vida.

v. 32: enseña a ser hermano

El padre se expresa con la lógica del amor incondicional. Porque el primogénito se ha descubierto hijo en el corazón del padre, puede ahora comprender lo que significa ser hermano. Este reconocimiento le llevará a sustituir en su interior “ese hijo tuyo” (v. 30) por “ese hermano tuyo” (v. 32). El padre está ofreciendo al hijo mayor un camino para reconciliarse con el hermano: entrar en el corazón del padre, allí donde “todo lo mío es tuyo” (v. 31).

. Profundizamos:

 

La parábola queda abierta. No sabemos si entró en la fiesta y, en ella, en el corazón amoroso del padre, si se reconcilió con su hermano reconociéndolo como tal.  No sabemos si el hijo menor aprendió del padre, si ayudó al primogénito, si se marchó de nuevo. Podemos escribir nuestro propio final. La familia ha de ser lugar de aprendizaje de esta paternidad, fraternidad que tiene su raíz en el corazón mismo del Padre Dios.

La rivalidad entre hermanos puede provenir de los celos, el egoísmo y la parcialidad de los padres (reales o percibidas).

. Génesis 4, 3-5. La rivalidad que hubo entre Caín y Abel parece haber sido causada por los celos de Caín cuando el sacrificio de Abel fue aceptado (Génesis 4:3-5).

.  Jueces 9, 1-6. La rivalidad criminal entre hermanos en la familia de Gedeón, fue causada por el deseo egoísta de Abimelec de gobernar como un rey (Jueces 9:1-6).

. Génesis 37:3-4. La rivalidad entre hermanos en los hijos de Jacob, fue alimentada por el favoritismo de Jacob con José (Génesis 37:3-4). La historia de José y sus hermanos inicialmente incluye la rivalidad entre hermanos basada en los celos y el odio, y algunas cosas terribles le sucedieron a José. Pero la historia tiene un final feliz. De hecho, la historia de José termina siendo una de amor fraternal, de perdón y de la bondad y soberanía de Dios (ver Génesis 37-50). El trato que José tiene con sus hermanos en el último capítulo del Génesis, es un buen ejemplo de bondad, humildad y amor.

Nuevo Testamento:

La escritura nos enseña cómo relacionarnos con los demás.

. Efesios 4, 31-32 trata con varios comportamientos negativos que hay que evitar y algunos comportamientos positivos que se deben cultivar: "Quítense de vosotros toda amargura, enojo, ira, gritería y maledicencia, y toda malicia. Antes sed benignos unos con otros, misericordiosos, perdonándoos unos a otros, como Dios también os perdonó a vosotros en Cristo". Asimismo,

. Filipenses 2, 3-4 es de mucha ayuda: "Nada hagáis por contienda o por vanagloria; antes bien con humildad, estimando cada uno a los demás como superiores a él mismo; no mirando cada uno por lo suyo propio, sino cada cual también por lo de los otros".

. Mt 23, 8: el término “hermanos” está presente como denominación que los cristinos se dan unos a otros en el NT, las Cartas…

 

. Rembrandt: el regreso del hijo pródigo. Las manos del Padre/Madre que hace justicia (masculina) y acoge (femenina).

.  Gaudium et spes, 9: (“…el mundo moderno tiene abierto el camino para optar entre la libertad o la esclavitud, entre el progreso o el retroceso, entre la fraternidad y el odio”); n. 92: la Iglesia se presenta “como señal de fraternidad que permite y consolida el diálogo sincero”.

 

. “Dios quiere mantener a los hermanos unidos. Tienen que entender que es una bendición vivir juntos, y que los dones recibidos de Dios se agrandan cuando se acogen en comunión, igual que muchos espejos reflejan más la luz” (Cong. Latinoamericano de Agentes de Pastoral Familiar, 2014, 3.4).

. “Fratelli tutti”: 8. “Anhelo que en esta época que nos toca vivir, reconociendo la dignidad de cada persona humana, podamos hacer renacer entre todos un deseo mundial de hermandad. Entre todos: «He ahí un hermoso secreto para soñar y hacer de nuestra vida una hermosa aventura. Nadie puede pelear la vida aisladamente. […http://www.vatican.va/content/francesco/es/encyclicals/documents/papa-francesco_20201003_enciclica-fratelli-tutti.html#_ftn6">[6http://www.vatican.va/content/francesco/es/encyclicals/documents/papa-francesco_20201003_enciclica-fratelli-tutti.html#_ftn6">[6]. Soñemos como una única humanidad, como caminantes de la misma carne humana, como hijos de esta misma tierra que nos cobija a todos, cada uno con la riqueza de su fe o de sus convicciones, cada uno con su propia voz, todos hermanos”.

2. Miramos la vida (MEDITATIO)

 

. El carácter simbólico de los personajes de la parábola, por lo que podemos identificarnos con alguno de ellos. Cual representa mejor mi postura ante Dios y ante los demás. En qué aspectos puedo identificarme con el padre.

. El amor de Dios es incondicional, no depende de lo que hagamos o digamos, pero, para acogerlo, hay que acercarse de corazón a él.  ¿Cuándo somos el hijo mayor que estamos cerca del Padre sin sentirnos amados? ¿Cómo puedo tomar otra actitud cuando me sienta así?

. Las dificultades de la fraternidad tanto ayer como hoy. ¿Cómo vivo yo la fraternidad con mis hermanos y cómo educo en la fraternidad a mis hijos?

. El sueño del padre es que sus hijos lleguen a ser verdaderamente hijos suyos y hermanos. ¿Procuro crear momentos que favorezcan esta experiencia de filiación y fraternidad?

. La fraternidad es siempre una tarea para realizar. Cada día requiere esfuerzos nuevos.

 

3. Convidados a rezar (ORATIO-CONTEMPLATIO)

. Agradezco al Padre su amor incondicional, que no exige nada de mí para derramarse en mi corazón. Me siento hijo amado, aunque muchas veces me crea indigno de ello.

. Presento ante el Padre mis ambigüedades e incoherencias, que me hacen identificarme a veces con el hijo pequeño y otras con el mayor. Me postro ante él como me veo y siento para que él salga a mi encuentro, me abrace…

. Pedimos al Padre que nos enseñe a ser hijos y hermanos y que sepamos llevar esa enseñanza a nuestras familias. Presentamos la labor educativa de tantos padres buscando que sus hijos sean hermanos, aprendizaje que lleva después a la fraternidad universal.

. Recordamos ante el Padre que todos sus hijos, hermanos nuestros que no están cerca de él, que se mantienen lejos por miedo, ignorancia o mala conciencia. Para que encuentren en su corazón el amor desbordante de Fios, capaz de integrarlos en una familia.

. Contemplo el misterio de Dios que, en Jesús corre a nuestro encuentro. Me entrego confiadamente a este misterio de amor para ser dócil instrumento suyo ante la familia y quienes me rodean.

4. ¿Hacia dónde nos encamina el Espíritu? (ACTIO-COMPROMISO)

. Oración: salmo 50

3Misericordia, Dios mío, por tu bondad,
por tu inmensa compasión borra mi culpa;
4lava del todo mi delito,
limpia mi pecado.

5Pues yo reconozco mi culpa,
tengo siempre presente mi pecado:
6contra ti, contra ti solo pequé,
cometí la maldad que aborreces.

En la sentencia tendrás razón,
en el juicio resultarás inocente.
7Mira, en la culpa nací,
pecador me concibió mi madre.

8Te gusta un corazón sincero,
y en mi interior me inculcas sabiduría.
9Rocíame con el hisopo: quedaré limpio;
lávame: quedaré más blanco que la nieve.

10Hazme oír el gozo y la alegría,
que se alegren los huesos quebrantados.
11Aparta de mi pecado tu vista,
borra en mí toda culpa.

12Oh Dios, crea en mí un corazón puro,
renuévame por dentro con espíritu firme;
13no me arrojes lejos de tu rostro,
no me quites tu santo espíritu.

14Devuélveme la alegría de tu salvación,
afiánzame con espíritu generoso:
15enseñaré a los malvados tus caminos,
los pecadores volverán a ti.

16Líbrame de la sangre, oh Dios,
Dios, Salvador mío,
y cantará mi lengua tu justicia.
17Señor, me abrirás los labios,
y mi boca proclamará tu alabanza.

18Los sacrificios no te satisfacen:
si te ofreciera un holocausto, no lo querrías.
19Mi sacrificio es un espíritu quebrantado;
un corazón quebrantado y humillado,
tú no lo desprecias.

20Señor, por tu bondad, favorece a Sión,
reconstruye las murallas de Jerusalén:
21entonces aceptarás los sacrificios rituales,
ofrendas y holocaustos,
sobre tu altar se inmolarán novillos.