“La Sagrada Familia”, n. 1465 / Enero-Febrero 2019:

“Cultura del diálogo. Cultura del encuentro”

Queridas familias:

El Sínodo de los Obispos sobre los Jóvenes en su documento final propone avanzar en una pastoral generativa y de relaciones. En este sentido, la Iglesia solo se renovará si es experta en relaciones.  De hecho, el texto afirma: “También en vista de la misión, la Iglesia está llamada a asumir un rostro relacional que ponga en el centro de la escucha, de la acogida, del diálogo, del discernimiento común, en un camino que transforme la vida de los que participan en él. Una Iglesia sinodal es una iglesia de escucha, sabiendo que escuchar es más que escuchar” (DF 122).  Es por ello que una pastoral generativa es consciente de que “no basta, pues, tener estructuras, si no se desarrollan en ellas relaciones auténticas; es la calidad de estas relaciones, de hecho, la que evangeliza” (DF 128). Una clara invitación a hacer más accesible nuestra ordinaria en todas sus expresiones, a experimentar y vivir la cercanía efectiva, el compartir espacios y actividades que creen y favorezcan las condiciones para una comunicación auténtica, de un encuentro libre de prejuicios.

 

Jesús inició el anuncio del Reino de Dios con la palabra y la vida plenamente integrada en su entorno más familiar e inmediato y siempre con una actitud de escucha, compartir y apertura a la realidad de las personas y de las situaciones y es así como su Espíritu nos impulsa a actuar también hoy. Poner la persona en el centro de la evangelización y de la educación, en un marco de diálogo y de relaciones que, respetando y valorando la individualidad y los valores morales, la sitúa en el ámbito de una comunidad viva (familiar, eclesial, educativa…), unida, interdependiente, es fundamental para el propio desarrollo y el crecimiento común.  Nadie puede vivir solo, nadie se aguanta solo, nadie se mantiene en pie y camina sin la ayuda de los otros, sin la mano de los otros, sin la palabra de los otros… la confianza es esencial en la vida y en las relaciones; sin ella no hay posibilidad de encuentro, de diálogo enriquecedor, de crecimiento humano.

Una clave para “humanizar las relaciones” radica en la capacidad de la familia, de la escuela o la comunidad para favorecer una “cultura del diálogo” necesaria para que se desarrolle una “cultura del encuentro”.  En las calles, aulas, grupos de nuestros centros existe la rica diversidad de nuestra sociedad y se está viviendo, no sin dificultades, el encuentro que construye una civilización solidaria y pacífica, pero, para prevenir “tentaciones” de agresividad, incomprensión o violencia, es necesario desarrollar programas educativos que refuercen la capacidad de diálogo, encuentro, conocimiento mutuo.  Un diálogo entre religión y cultura, fe y razón… para ayudar a que los alumnos puedan aprender a ser, a conocer y hacer, a vivir juntos con el fin de participar y cooperar con los demás en todas las actividades humanas, desde la cultura del encuentro que construya puentes y no muros.

J.D.A.