“La Sagrada Familia”, n. 1466 / Marzo-abril 2019:

“Educación y espiritualidad”

Queridas familias:

“La espiritualidad es la esencia de la educación. No se puede medir ni cuantificar, pero funda la acción educativa".Jacques Maritain

El concepto de espiritualidad es muy amplio y podemos acercarnos a él desde perspectivas diversas, tradiciones religiosas diferentes, experiencias místicas únicas… pero, si hablamos desde la fe cristina, podríamos decir que es “la vida en el Espíritu que impulsa la relación, el encuentro con el Dios Padre que se ha revelado en Jesucristo”.  Este acercamiento cristiano no anula, sino que completa y enriquece el de quienes viven la espiritualidad como una búsqueda interior, de sentido, incluso de bienestar sin asociarlo necesariamente a ninguna tradición religiosa.

 

La espiritualidad implica la totalidad y la unidad de la persona, forma parte de nuestra condición humana, subraya la personalización y la actitud de búsqueday puede ayudar a ocupar mejor y con más calidad nuestro lugar en el mundo, a vivir de forma más satisfactoria la vida desde una profunda y potente experiencia de interioridad y, al mismo tiempo, de apertura a la realidad y al misterio de la existencia.  Y es que lo espiritual vive lo cotidiano, pero no se detiene en la inmediatez, sino que vive piensa y siente lo cotidiano tomando conciencia de ello.  Uno se descubre a sí mismo contemplando la propia vida y preguntándose por el sentido de la misma, al mismo tiempo que la vive plenamente queriendo comprenderla.

La experiencia espiritual se expresa en palabras y ritos del vivir diario que se se asocia a formas, prácticas, acciones específicas, celebraciones, devociones…que se viven en el inicio del día o de una actividad, plenamente integradas y “entremezcladas” con lo cotidiano. No hablamos de “arrebatos puntuales” ni mero cumplimiento exterior, sino de tomar conciencia de las cosas y situaciones, desentir interiormente, vivir la realidad desde una experiencia interior profundamente humanizadora, tener serenidad, paz, agradecimiento… y entrever una Presencia que nos trasciende, para nosotros la de un Dios personal que es Padre y nos ha revelado su Amor en el Hijo.

Precisamente por ello, la espiritualidad cristiana es para la vida real, la de cada día, influye en la vida, parte de la vida, retorna a la vida. Es verdad que también son necesarios momentos específicos (retiros, convivencias, soledad…) pero la clave está en la vida ordinaria transformada por la experiencia interior de paz, sosiego, Presencia… que aportan sentido y configuran cómo entiendo, vivo y me sitúo en y ante el mundo. Es una espiritualidad engarzada en la vida capaz de integrar, desde un relato coherente abierto a la trascendencia (la vida en el Espíritu), todos los aspectos de la existencia, de unificar la vida, de abrirse a la relación y acogida del otro. La espiritualidad no es nunca “un añadido” de la escuela cristiana a la educación, que pueda proponerse o no, sino que es parte de la educación integral y de la antropología que está en la base de nuestra propuesta educativa.

J.D.A.