“La Sagrada Familia”, n. 1467 / Mayo-junio-julio 2019

“Jóvenes comprometidos – Christus vivit

Queridas familias,

“Vive Cristo, esperanza nuestra, y Él es la más hermosa juventud de este mundo. Todo lo que Él toca se vuelve joven, se hace nuevo, se llena de vida. Entonces, las primeras palabras que quiero dirigir a cada uno de los jóvenes cristianos son: ¡Él vive y te quiere vivo!”.Con estas palabras hermosas,  llenas de vida y esperanza,  comienza la exhortación post-sinodal del Papa Francisco, fruto de los trabajos y reflexiones del Sínodo de los Jóvenes, celebrado en Roma en octubre de 2018. Es un documento de 64 páginas y 299 puntos, firmado en Loreto el 25 de marzo de 2019, solemnidad de la Anunciación del Señor. El cardenal Baldisseri, secretario general del Sínodo, la definió como “la carta magna de la pastoral juvenil y vocacional”, destacando su inspiración sinodal (contiene 56 citas del documento final del sínodo) y recordando que: “Todas las generaciones de creyentes descubren en Cristo un contemporáneo, un compañero de viaje”. Cristo no es Alguien del pasado, Él está aquí, hoy, en mi vida, en la historia, liberando, consolando, amando.

 

De hecho, el Papa recuerda a los jóvenes, y a todos los cristianos, tres grandes verdades que están en la base de la conversión y acción pastoral:la primera es que “Dios que es amor” y por tanto “Dios te ama, no lo dudes nunca” (112) y puedes “arrojarte con seguridad en los brazos de tu Padre divino” (113). La memoria del Padre es siempre compasiva y por ello rehabilitadora. La segunda verdad es que “Cristo te salva”. “Nunca olvides que Él perdona setenta veces siete. Vuelve a llevarnos sobre sus hombros una y otra vez” (119). Jesús nos ama, nos salva, nos transforma desde la gratuidad, la cercanía, la mirada.La tercera verdad es que “¡Él vive! “Debemos recordar esto…. porque corremos el riesgo de tomar a Jesucristo sólo como un buen ejemplo del pasado, como un recuerdo, como alguien que nos salvó hace dos mil años. Esto no nos haría ningún bien, nos dejaría como antes, no nos liberaría” (124).

Toda la Iglesia (los jóvenes son parte integrante de ella, no una “categoría” frente a ella, sino “levadura” capaz de renovar estilos de vida, estructuras, de ofrecer vitalidad y testimonio), es receptora de esta Exhortación en el sentido de que todos los creyentes debemos “rejuvenecernos”, no quitándonos años, sino poniendo a Cristo como centro de la vida y de la misión. Es necesario trabajar con creatividad, audacia, libertad para fomentar la experiencia del encuentro con Dios a través de la formación, de la oración, del servicio.Con estas tres coordenadas hay que poner en marcha toda la maquinaria. Cristo nunca envejece.Si “Él vive, esto es una garantía de que el bien puede entrar en nuestras vidas…”. Entonces podemos dejar de quejarnos y mirar hacia adelante, porque con Él siempre podemos mirar hacia adelante” (127). La Iglesia necesita la fe, el entusiasmo, las intuiciones de los jóvenes tanto como la experiencia, la vida y el testimonio de los mayores. La Iglesia somos todos.

J.D.A.