“La Sagrada Familia”, n. 1469 / Noviembre-diciembre 2019

“Educar para dar vida”

Queridas familias:

Durante los días 14 al 16 del pasado mes de noviembre se ha desarrollado el XV Congreso “#Magister. Educar para dar vida”, organizado por Escuelas católicas, en Madrid. Es el lema que hemos escogido para nuestra revista y el tema “de portada” de la misma que se desarrolla en el artículo correspondiente.En una encuesta previa, realizada a instituciones, centros y docentes a través de los perfiles en las redes sociales (EC, junio 2019) se pregunta sobre “la escuela que sueñas” y acerca de “qué maestros necesita esa escuela soñada”. Hacemos nuestras algunas de las contribuciones más significativas de la citada encuesta.

 

Quienes han respondido sueñan con una escuela de identidad cristiana, de encuentro interreligioso y abierta a todos; una escuela humana y cercana que profundice en aspectos básicos y que ayude a desarrollar recursos para el futuro.  Una escuela abierta al mundo y al diálogo, inmersa en la cultura del encuentro, capaz de tender puentes. Una escuela que prepara para la vida, centrada en el alumno, facilitando un clima amigable (“de familia” diríamos desde las escuelas Manyanet), un crecimiento en identidad, sentido y libertad. Una escuela en la que educadores y familias formen un equipo y en la que las familias tengan un lugar de encuentro fecundo y fraternal donde dar y recibir.

Para esta escuela soñada y vivida, el cuidado de los educadores es fundamental, así como la identificación de los mismos con el proyecto educativo de la misma.  Es una de las responsabilidades más importantes para garantizar la identidad de nuestro proyecto.  Cuidar a los educadores: selección, acompañamiento con criterios de adecuación a la identidad y misión evangelizadora de nuestras escuelas; motivar y formar a los miembros de la comunidad educativa sobre los principios y valores y compromisos que conlleva la persona y el mensaje de Jesús como centro y fuente del ideario propio de la escuela católica y fomentar cursos de formación con relación a su identidad cristiana y su responsabilidad en el desarrollo del ideario del centro.

Construimos una escuela en la que os docentes puedan transmitir la fe y vivan su labor comprometidos y esperanzados. Docentes comprometidos con sus alumnos que educan desde la “mente y el corazón” y son testimonio de los valores que intentan transmitir, de trabajar juntos y de mirar siempre “más allá”.Profesores maestros que cimienten una escuela que personaliza y humaniza la enseñanza, que vibren con el proyecto educativo católico sin perder de vista los retos del contexto. Soñadores con pies en la tierra, siempre en actitud de lucha, aprendizaje, cambio, escucha, formación. El corazón de nuestra identidad católica nos lleva a subrayar siempre el valor de la vida. Cristo ha venido para “que tengan vida y vida en abundancia” (Jn 10, 10).

J.D.A.