“La Sagrada Familia”, n. 1464 / Noviembre-Diciembre 2018:

“Gaudete et exsultate”

Queridas familias:

“Gaudete et Exsultate”, (“Alegraos y regocijaos”),  tercera  la Exhortación apostólica del Santo Padre Francisco,  sobre la llamada a la santidad en el mundo actual,  es una  invitación a tomar en serio la llamada universal a la santidad de todos (“lo que quisiera recordar con esta exhortación es sobre todo la llamada a la santidad que el Señor hace a cada uno de nosotros, esa llamada se dirige también a ti” (GE, 10), pues “para un cristiano no es posible pensar en la propia misión en la tierra sin concebirla como un camino de santidad” (GE, 19). El Papa en su escrito nos recuerda que el secreto de la santidad está en “dejar que la Gracia de Dios fructifique” en cada uno de nosotros. Acogiendo este don en nosotros, con libertad y humildad, podremos cooperar con nuestro esfuerzo y nuestras capacidades para ofrecernos y dejarnos transformar por Él. Lo primero es siempre pertenecer a Dios y esta pertenencia nos conduce directamente a los hermanos, a la búsqueda del bien, a la lucha contra el mal.

 

Es fácil entender que la santidad no es privilegio reservado solo a algunos cuando leemos en la exhortación que el Papa habla de “los santos de la puerta de al lado”, refiriéndose a ellos con palabras claras:  “los padres que cuidan con tanto amor de sus hijos, los hombres y mujeres que trabajan por llevar el pan a su casa, los enfermos, las religiosas ancianas que siguen sonriendo” (GE, 7), personas ”no necesariamente con estigmas, llagas o flagelados…. Sino las personas buenas que hacen el bien; gente sencilla, generosa, capaz de compartir, de crear y favorecer ambientes de paz, serenidad, perdón…; gente que no critica para destruir, trabajo solidariamente, aguante los defectos de los otros, reconoce sus propias deficiencias con humildad, que no es tóxica y deja esperanza a su lado…”.  La santidad no es “elitista”, solo apta para quienes han sido agraciados por unos dones extraordinarios o tienen una voluntad de hierro para sacrificarse…

La santidad es un camino que todos podemos recorrer en la vida porque es un camino hacia el amor. Es cierto que debemos hacerlo asumiendo nuestra propia fragilidad, pero siempre desde la confianza en la Gracia de Dios que nos libera de la tentación de pensar que “solos podemos”.  Con el Señor a nuestro lado todo es posible, todo se puede, también “la santidad”.De ello nos dan ejemplos tantos hombres y mujeres de todas las épocas que han entregado su vida por amor a Dios y a los hermanos y nos animan para hacer realidad hoy, aquí, el mandato del Señor: “Sed santos (misericordiosos) como yo el Señor soy santo (misericordioso)”. Nada más bello que, aunque sea nadando contracorriente, poder mostrar la belleza del amor que construye, crea, disculpa, sana, consuela, acompaña… se hace vida y Bienaventuranza.

J.D.A.