“La Sagrada Familia”, n. 1460 / Enero-Febrero 2018

"Orientación vocacional"

 

Queridas familias:

En un contexto eclesial fácilmente se interpreta “La orientación vocacional” como la actitud de acompañamiento y discernimiento  personal en vistas a descubrir  si Dios te llama a su servicio, y el de los hermanos,  en la vida consagrada o sacerdotal. Sin embargo el concepto es mucho más amplio y se refiere al descubrimiento de la vida  como  don y servicio  a los demás en el campo profesional más acorde a las propias cualidades, capacidades o intereses y también a la realidad social que siempre interpela. Y, si es verdad, que en ámbito de la Iglesia y de muchas congregaciones religiosas, incluida la nuestra, el “tema vocacional”  es prioritario en la oración y en la acción pastoral, no es menos verdad que hay muchos modos  de servir a Dios y al prójimo y cada uno ha de descubrir el suyo y debemos ayudarle a ello.

 

La palabra “Orientación” procede del verbo latino oririque puede traducirse como “nacer”. “Vocacional” viene de otro verbo latino: vocare, que es sinónimo de llamar. Así, podríamos definir la “Orientación vocacional”, en el contexto escolar, como el conjunto de prácticas destinadas a ayudar a la persona a clarificar el sentido de su propia vida y la elección de los medios más adecuados y elementos necesarios, para poder caminar hacia la realización plena de su ser y de su identidad. En esta tarea la persona ha de sentirse y reconocerse protagonista (la “llamada” siempre es personal y tiene en cuenta la propia historia, gustos, aptitudes…) pero, al mismo tiempo, ha de contar con los recursos y medios necesarios  para favorecer y enriquecer esa búsqueda. La persona, y su vocación, nace y se desarrolla en un entorno familiar, social, académico, laboral que hay que tener en cuenta. Y, dado que cualquier tipo de elección, siempre puede suscitar dudas, temores, incertidumbre y estar sometida a cierta presión por acertar en la misma, sobre todo cuando se pone en juego el futuro profesional, es necesaria la orientación vocacional que ayude a descubrir el propio camino.

Esta orientación vocacional y profesional es un proceso que va desarrollándose en determinadas etapas de la vida y que no necesariamente tienen que ver con los años y sí con la madurez  y el desarrollo de la personalidad alcanzado en cada momento. En este sentido hay que subrayar el protagonismo de los alumnos, de los jóvenes,  en busca del “sentido” de la propia vida y del modo de vivirlo “profesionalmente” a través de opciones de formación personal, religiosa, académica y social. En esta búsqueda, además del propio sujeto capaz de conocer y asumir sus propias cualidades y dones, la familia juega un papel importante por su entorno afectivo y capacidad de motivas determinadas decisiones y también la escuela, especialmente a través de tutores y profesores que se sienten involucrados en este proceso de decisión y colaboración activa. Por eso es tan importante la intuición manyanetiana de mantener una fluida y necesaria colaboración entre familia y escuela que ayude en la orientación vital de los hijos y alumnos, por su propia felicidad y el bien de la sociedad y la Iglesia.

J.D.A.