“La Sagrada Familia”, n. 1459 / Noviembre-Diciembre2017:

“Artesanos de la Paz”

Queridas familias:

Los colombianos, tras  más de 50 años de conflicto armado que ha causado un enorme sufrimiento a la población (víctimas mortales, desplazados por la guerra, inseguridad…) sueñan con transformarse en una sociedad  pacífica, dialogante, reconciliada.  El Papa Francisco  se caracteriza por ser un gran impulsor de la misericordia y de la reconciliación como medios para romper las barreras que separan y dividen a la humanidad.  En una de sus catequesis durante el Año Jubilar de la Misericordia dejó claro su convencimiento de que  la reconciliación es la base para una convivencia en paz a todos los niveles: “Tener la experiencia de la reconciliación con Dios permite descubrir la necesidad de otras formas de reconciliación: en las familias, en las relaciones interpersonales, en las comunidades eclesiales, como también en las relaciones sociales e internacionales… hagamos puentes de reconciliación también entre nosotros, comenzando por la misma familia. …la reconciliación, de hecho, es también un servicio a la paz, al reconocimiento de los derechos fundamentales de las personas, a la solidaridad y a la acogida de todos”.

 

En este camino de reconciliación no tengamos miedo, “Demos el primer paso” conscientes de que hacerlo significa  reconocer el sufrimiento de los otros, perdonar a los que hieren, volverse a encontrar como personas reconciliadas y reconciliadoras, sanar los corazones, construir el mundo y la sociedad soñada… La paz es un proceso artesanal, como la educación o la convivencia,  que se consigue cuando somos capaces, en palabras del Papa,   de “vernos y tratarnos como hermanos”. Para ello es imprescindible dar ese primer paso de acercamiento, de valentía para afrontar los problema estructurales que están detrás de la violencia, las injusticias, desigualdades sociales, desestructuración familiar o degradación del ambiente.La paz es un don de Dios pero debemos poner de nuestra parte, impulsarla con actitudes de respeto y diálogo, siendo capaces de salir al encuentro del otro y extender la mano, para tratarnos como hermanos no como enemigos a cuya base está la reconciliación con uno mismo, con Dios, con los demás. Frente a “la violencia, las amenazas, el miedo y las injusticias, el diálogo es la única estrategia que podemos  adoptar” (cardenal Parolin).

En el gran discurso pronunciado en Villavicencio, el 8.9.2017, lleno de realismo y de esperanza el Papa subrayó también: “…en todo este proceso, largo, difícil, pero esperanzador de la reconciliación, resulta indispensable también asumir la verdad. Es un desafío grande pero necesario. La verdad es una compañera inseparable de la justicia y de la misericordia. Juntas son esenciales para construir la paz y, por otra parte, cada una de ellas impide que las otras sean alteradas y se transformen en instrumentos de venganza sobre quien es más débil. La verdad no debe, de hecho, conducir a la venganza, sino más bien a la reconciliación y al perdón. Verdad es contar a las familias desgarradas por el dolor lo que ha ocurrido con sus parientes desaparecidos. Verdad es confesar qué pasó con los menores de edad reclutados por los actores violentos. Verdad es reconocer el dolor de las mujeres víctimas de violencia y de abusos”.

J.D.A.