“La Sagrada Familia”, n. 1456 / Marzo-Abril 2017:

“Un sínodo para los jóvenes”

Queridas familias:

Tras seis años en los que he servido  a la Congregación  en otra responsabilidad y durante los cuales  el P. Nicolás Rodríguez, al que agradezco su  buen trabajo,  asumió la dirección de nuestra revista, retomo de nuevo esta responsabilidad durante el tiempo que sea necesario.  Lo hago manteniendo  la convicción que siempre tuve de la importancia y necesidad de esta revista más que centenaria, fundada por San José Manyanet en 1889,  para  seguir  al servicio de las familias abarcando  y profundizando temas de actualidad, educación, espiritualidad… desde la visión que nos ofrece nuestro carisma inspirado en la Sagrada Familia de Nazaret. No olvidamos tampoco que nuestra revista es portavoz de la Asociación de la Sagrada Familiay  quiere ser un nexo de unión entre todas las familias que participan de nuestra misión sea en los colegios, parroquias u otras instituciones educativas o sociales. Desde esta continuidad agradezco vivamente la disponibilidad de quienes continúan ofreciendo sus artículos y reflexiones por amor y solo por amor a los lectores.

 

El presente número  está dedicado a la preparación del Sínodo de los Jóvenes programado para octubre 2018. “Los jóvenes, la fe y el discernimiento vocacional”. Se abordará a los jóvenes como sujetos de evangelización, así como los lugares donde encontrarles y los instrumentos para acercarse a ellos… En este sentido es  importante algo que les decía el Papa a los jóvenes en su carta con motivo de la presentación delpróximo Sínodo: “La Iglesia desea ponerse a la escucha de vuestra voz, de vuestra sensibilidad, de vuestra fe; hasta de vuestras dudas y críticas”. Lo recoge también el documento preparatorio al subrayar que desde su principio: “hay que escuchar a los jóvenes y darles oportunidades para que ellos mismos puedan orientar estas cuestiones que les afectan; pues con frecuencia tienen gran capacidad para proponer y practicar alternativas que muestran cómo el mundo o la Iglesia podrían ser”.

En el citado documento  se constata  que: “la juventud está aprendiendo a vivir sin Dios  y sin la Iglesia”. Muchos tratan de conquistar a los jóvenes  pero no para que sigan creciendo en todas las dimensionessino para ofrecerles un horizonte que no va más allá de lo que se puede ver, de la propia imagen, del presente…, pero, sin negar el valor que ello tiene,  debemos abrirles a todas  las  dimensiones reales que tiene la vida humana, la cultura, la espiritualidad, la fe católica. En  nuestras familias, escuelas, grupos de catequesis… tenemos que favorecer siempre el encuentro con Jesucristo, único que  cambia  absolutamente la vida: es un encuentro interior que da las medidas del corazón de Dios, que nos  hace vivir junto a los demás no por la ideas que tienen  sino porque hemos  encontrado a Jesucristo “camino, verdad y vida”. Entreguemos a los jóvenes el arma que cambia la vida, la  historia y las relaciones: el amor mismo de Dios que se revela y se nos da en Jesucristo. No nos quedemos solo en dar ideas y en estrategias. Como padres, sacerdotes, educadores… demos vida acompañando, haciéndonos presentes, escuchando, apostando claramente   por lo que hace más grande el corazón… abierto al bien, la verdad, la belleza.

 

J.D.A.