La Sagrada Familia, n. 1472 / mayo-julio 2020: “Cultiva tus virtudes”

Queridas familias

El P. Manyanet recordaba en sus escritos que, desde la más tierna infancia, se van adquiriendo esas virtudes que después van a marcar el resto de la vida, por ello privilegiaba la educación ya desde pequeños, buscando un crecimiento y desarrollo, que hoy llamaríamos integral, de los alumnos, ayudando a conseguir y desarrollar hábitos de conducta y de pensamiento positivos. Estos buenos hábitos, empiezan siempre en la familia, primera responsable de la educación de los hijos.  Nos recordamos nuevamente que la familia sigue siendo el núcleo fundamental de la sociedad y el ámbito natural de la educación y es propio en su seno donde se han de vivir y proponer los valores que nos hacen más personas, así como transmitir buenas costumbres, los códigos de conducta que nos ayuden a alcanzar la “excelencia humana” que ha de constituir una meta de nuestra vida.

 

Para esta educación y cultivo de las virtudes no basta insistir en el logro de buenos resultados académicos; se trata de hacerlo honestamente o, dicho de otra manera, de ser. Lo importante es loque se es, lo que cada uno es, no tanto lo que hace. Ayudar a los niños a dominar la voluntad y a utilizar libertad para hacer el bien es todo un proceso en el que es de suma importancia   ser constante y ayudarles a controlar sus impulsos y fomentar conductas como el orden, el autodominio, la prudencia, la justicia y la verdad. Hay que recordar que no basta un solo acto para hablar de virtud; su “cultivo” supone la repetición consciente de conductas positivas en cualquier lugar y circunstancia, aunque no se esté siendo supervisado.Y no hay que olvidar el valor social de una educación en virtudes pues es desde pequeños que se adquieren las aptitudes que permiten sostener la vida personal y social y afrontar situaciones difíciles. Ayudar y acompañar la formación de personas integrales que hagan cosas buenas y eviten las malas, que sean justas y que sean fuertes para defender el bien y actuar correctamente, es una responsabilidad de todos que ha de ejercerse ya desde las edades tempranas.

En estos momentos que hemos vivido, y estamos todavía viviendo en sus consecuencias, el cultivo de las virtudes ha sido fundamental. Ya el mundo clásico nos recordaba  la importancia de la prudencia, la templanza, la fortaleza, la justicia… virtudes que nos ayudan a forjar un carácter fuerte, unos hábitos buenos, fundamentos sólidos y “patrones de comportamiento” quenos permiten resistir mejor las crisis, sean del tipo que sean. Tenemos que estar preparados para responder a las mismas con realismo, espíritu de sacrifico, responsabilidad y confianza y, además, para actuar de forma solidaria.La interiorización de las virtudes, tan connaturales con la fe cristiana y con un auténtico humanismo, ha de ayudarnos a adquirir, desde el ser más profundo, un comportamiento ejemplar, socialmente constructivo.

J.D.A.