La Sagrada Familia, n. 1476, marzo-abril 2021: “Pacto educativo global-Mirar al futuro”.

Queridas familias:

Recuerdo que el Papa Benedicto XVI, durante su pontificado, hizo una insistente referencia a lo que él llamaba “emergencia educativa”, refiriéndose, particularmente, a Europa. En sus mensajes a los responsables invitaba a ir “hasta las raíces profundas de esa emergencia para encontrar también las respuestas adecuadas a ese desafío”.  Retomando el tema, el papa Francisco ha subrayado en varias ocasiones que una respuesta a esta “emergencia educativa” es el Pacto global por la educación que, con una mirada universal, propone recomponer los vínculos educativos, actualmente rotos, entre la familia, la sociedad y la escuela. De alguna manera, es necesario volver a recomponer la relación y buscar, juntos, caminos nuevos.  Y en eso estamos, como educadores y como familia, buscando vías nuevas para transitar juntos, en esta época global que presenta tantos retos a la humanidad.

Ya en “La Sagrada Familia”, n.  1473, pp. 10-12, presentábamos el texto completo del discurso programático del Papa Francisco, dirigido, el 7 de febrero de 2020, a los participantes en el seminario: “Educación: el Pacto Mundial”, promovido por la Pontificia Academia de Ciencias Sociales. Entre las varias ideas del Papa, subrayábamos una de las que corresponde a nuestras convicciones más profundas: “La familia necesita ser valorada en el nuevo pacto educativo, puesto que su responsabilidad ya comienza en el vientre materno, en el momento del nacimiento. Pero las madres, los padres —los abuelos— y la familia en su conjunto, en su rol educativo primario, necesitan ayuda para comprender, en el nuevo contexto global, la importancia de esta temprana etapa de la vida, y estar preparados para actuar en consecuencia. Una de las formas fundamentales de mejorar la calidad de la educación a nivel escolar es conseguir una mayor participación de las familias y las comunidades locales en los proyectos educativos. Y estas son parte de esa educación integral, puntual y universal”.

Hablamos de la educación como instrumento necesario y prioritario para la trasformación social y la construcción del futuro. Una educación digna y de calidad, centrada en la persona, su valor, su dignidad; que ofrezca oportunidades a todos; que promueva la libertad de pensamiento y la responsabilidad que deriva de la misma, en el marco de una laicidad positiva, de respeto a las creencias religiosas y a la expresión de las mismas; que promueva la socialización de la cultura sin imposiciones ideológicas, la defensa de los derechos sociales, el respeto a las minorías y el cuidado de la casa común. Se trata de trabajar juntos por un mundo más humano, fraterno, sostenible a través de la educación, mejorando las relaciones con los demás y con la naturaleza. En palabras del papa:  “Creemos que la educación es una de las formas más efectivas de humanizar el mundo y la historia. La educación es ante todo una cuestión de amor y responsabilidad que se transmite en el tiempo de generación en generación”.

J.D.A.