La Sagrada Familia, n. 1478, agosto-octubre 2021: “La alegría del amor”.

Queridas familias:

El amor es un don que recibimos y ofrecemos. “Dios es amor” (1 Jn, 4, 8) en su naturaleza más íntima, en su misterio más profundo.  Si Dios es amor, es familia, comunión, relación, donación, entrega…. Nosotros creados “a su imagen y semejanza”, estamos llamados a vivir y compartir el don recibido, la vida, el amor, la amistad, la esperanza… El amor es el regalo más grande que podemos recibir y ofrecer para crecer como personas profundamente humanas, cercanas, acogedoras… y es la fuerza más poderosa y siempre necesaria para caminar, juntos, hacia una vida plena, feliz; es el sentido profundo de nuestra vida recibida y entregada, vivida en todos sus momentos, también aquellos de cruz y dificultades que no faltan en el día a día.

“Tanto amó Dios al mundo, que entregó a su Hijo único para que quien crea en él no muera, sino tenga vida eterna” (Jn 3, 16). El amor de Dios no tiene límites y, en Jesús, se ofrece a las personas como liberación y plenitud de vida. A lo largo de su vida, empezando por los años de Nazaret, junto a María y José, nos enseña cómo amar hasta dar la vida por los demás. Un amor que acompaña de forma natural la vida de las personas, que se “traduce” en gestos concretos y universales de cercanía, acogida, escucha, perdón, luz… y cuyo fruto es la paz y la alegría. M. Teresa de Calcuta escribía: “El fruto del silencio es la oración. El fruto de la oración es la fe. El fruto de la fe es el amor. El fruto del amor es el servicio. El fruto del servicio es la paz». La clave no está tanto en lo que hacemos cuanto en el amor que ponemos en aquello que hacemos.

La escuela nos ofrece a todos, una experiencia que cambia la vida y transforma el corazón; es el espacio educativo, habitado por los valores como el respeto al otro, la libertad responsable, el desarrollo de la afectividad y del conocimiento compartido… el que hace resurgir la huella de la esperanza en el futuro; una esperanza que se hace contagiosa y expansiva a través de los buenos ejemplos, las buenas palabras, las buenas enseñanzas capaces de despertar y realizar sueños.  Por ello, el lema de este curso “La alegría del amor”, no es una ingenuidad, sino una llamada a trabajar para que las relaciones estén inspiradas por el amor y la verdad que son auténticas fuentes de vida y de crecimiento.  La familia, la comunidad educativa, es también escuela de amor y de todas las virtudes y cualidades que lo adornan y han de ser cultivadas con auténtica devoción. Si nuestra mirada se dirige a toda la persona no puede dejarse de lado la dimensión afectiva, emocional, relacional que constituye el núcleo más profundo de nuestro ser.  Esto es “educar el corazón y la inteligencia”, en un clima positivo, de confianza mutua, en el que amamos y sentimos que somos amados.   Caminamos juntos. 

J.D.A.