Posverdad, el arte de la manipulación

“El hombre honrado e íntegro es la burla, porque “la sabiduría de este mundo consiste en presentar lo que es falso como verdadero y lo que es verdadero, como falso. Los sabios de este mundo consideran una estupidez la virtud de la integridad…”. (San Gregorio el Grande). 

Bien parecerían escritas hoy día las palabras anteriores del papa Gregorio el Grande (540-604), cuando no existían los medios de comunicación actuales, las redes sociales, la información inmediata desde cualquier lugar del mundo y sobre cualquier acontecimiento. Y, sin embargo, siempre ha habido personas, grupos, intereses que han tratado de distorsionar la verdad, de manipular con mentiras, de desacreditar a los demás con calumnias, de destruir la “imagen” de instituciones consideradas como un obstáculo al desarrollo de los propios intereses.  Es “algo” que hay en el corazón de la persona desde los orígenes. El ser humano es capaz de buscar y compartir la verdad, pero lo es también de difundir falsedades, mentiras, insultos que tergiversan totalmente el sentido de la comunicación humana honesta, constructiva, veraz. 

El mismo Jesús, en el Evangelio, dice una de esas frases que permanecen escritas para siempre en la memoria colectiva de creyentes o no creyentes: “La verdad os hará libres” (Jn 8, 32). Es verdad que se refiere a sí mismo y a la fidelidad a su Palabra como “verdad que ilumina y guía el camino de la persona” pero va más allá en el sentido de que la verdad, toda verdad, es garantía y fundamente de una acción libre y responsable de la persona.  Quien teme la verdad objetiva de las cosas, la realidad misma es porque tiene algo que ocultar, le embarga el miedo a su propia verdad o al reconocimiento objetivo de las cosas en su naturaleza real. Jesús invita a vivir en la verdad y, por ello, a actuar de forma verídica, creíble, transparente, coherente en nuestros actos y en nuestras palabras.  “No darás falso testimonio ni mentiras” recuerda el decálogo en el octavo mandamiento.

Si consultamos la Real Academia Española de la Lengua, el término posverdad es un “neologismo que se refiere a la distorsión deliberada de una realidad, manipulando creencias y emociones con el objetivo de influir en la opinión pública y en las actitudes sociales”. Conocido también como “mentira emotiva” implica que son los argumentos emocionales y no los hechos objetivos, los que tienen más impacto a la hora de moldear e influir en la conducta de determinadas personas o de influir en la opinión pública y en las actitudes sociales.  Se trata, en el fondo, de una forma deliberada de distorsionar la realidad para influir en los sentimientos de las personas.  La gran cantidad de información que nos llega a través de los medios, particularmente de las redes sociales, más allá de ser verdaderas o falsas, son defendidas o criticadas más desde las emociones, a veces incluso desde el desprecio, la insinuación, la ausencia de contexto, o el insulto, que desde la objetividad de los hechos.

En este contexto viene muy bien recordar el mensaje de la 52a Jornada Mundial de los Medios de Comunicación Social (2018), que celebra cada año la Iglesia, cuyo lema eran las palabras de Jesús anteriormente mencionadas: “La verdad os hará libres”.  En el texto se recordaba que la comunicación ha de ser un “lugar para expresar la propia responsabilidad en la búsqueda de la verdad”. Las fake news, como nos decía el papa, nos llevan a la “desinformación”, ya que están “basadas en datos inexistentes o distorsionados”, que “tienen como finalidad” como vemos cada día, “engañar o manipular al lector”, para “llegar a objetivos concretos, influenciar las decisiones políticas u obtener ganancias económicas”. 

Cabe recordar que las fake news, sigo citando el mensaje, “son hábitos para capturar la atención de los destinatarios”, porque “los contenidos, a pesar de no tener fundamento, alguno, obtienen una visibilidad tal, que hasta los desmentidos oficiales difícilmente consiguen parar el daño que producen”. Por eso, ante el problema de las fake news, “ninguno de nosotros puede eximirse de la responsabilidad de hacer frente a estas falsedades”, para de “desenmascarar “la lógica de la serpiente”, capaz de camuflarse y morder”. De hecho, la primera fake news la encontramos en el libro del Génesis (Gn 3,1-15), con el engaño de la serpiente, “la insidiosa y peligrosa seducción” que también hoy “se abre camino en el corazón del hombre, con argumentaciones falsas y atrayentes”, desde entonces nos acompaña la mentira y la manipulación de la información. 

En contraposición a los que presentaban la mentira como verdad o bien la disfrazaban de verdad, el papa San Gregorio, al que citábamos al inicio, decía también: “La sabiduría de los hombres honrados, al contrario, consiste en amar lo que es verdad tal como es, y evitar lo que es falso. Pero esta honradez es la burla, porque los sabios de este mundo”, como quienes inventan falsedades, “consideran una estupidez la virtud de la integridad”. Y es que “el antídoto más eficaz contra el virus de la falsedad, es dejarse purificar por la verdad”, cosa que no entienden quienes, mintiendo,  buscan la desinformación, hacer mal, destruir a las personas… por las motivaciones que solo ellos saben.  

J.D.A.