Manyanet

Un pensamiento hermoso, corazón de un templo

San José Manyanet, cuando el 24 de junio de 1869, después de orar y “meditar sobre los males que traen desquiciada la sociedad” —dígase educación y familia— comunicó a su obispo José Caixal “un pensamiento, al parecer hermoso y devoto, que me ha ocurrido”, para que lo participara al papa Pío IX y a los obispos españoles que iban a reunirse en Roma en el Concilio Vaticano I. 

 

El “pensamiento hermoso” era “interesar al glorioso Patriarca San José”, que iba a ser nombrado Patrono de la Iglesia Universal porque había presidido la Casa de la Sagrada Familia en Nazaret, germen de la Iglesia, “por medio de la erección de un templo expiatorio” para presentar el modelo de una Familia y de una Escuela en las que Jesús, el Hijo de Dios, obediente a María y a José, vivió y “creció en edad, sabiduría y gracia delante de Dios y de los hombres”.

 

El “pensamiento”, no el templo todavía, le parecía hermoso, grandioso, excelente y perfecto, porque en la Sagrada Familia de Nazaret veía la respuesta dada por Dios para los tiempos que se estaban avecinando.

 

El obispo Caixal, antes de partir para Roma, el 5 de julio del mismo año, participó el “pensamiento hermoso” de Manyanet al cardenal arzobispo de Santiago de Compostela, Miguel García Cuesta (1803-1873): “San José es quien ha de sacarnos de este pozo de podre e inmundicias para salvar la dote de su esposa… La Trinidad humana debe ocupar en el cielo, seguro, un lugar preferente y mucho más elevado que todos los demás santos, aun en su tercer miembro que es San José… Un sacerdote muy devoto de San José [alusión a Manyanet] me ha sugerido el que le prometiéramos que se le edifique un magnífico templo en un lugar de España…” (Arxiu Episc. Urgell, Comunicaciones (1866-1869), f. 211-211v).

 

Manyanet, por su parte, añadió en una nota a la carta anterior: “Este pensamiento lo comuniqué más tarde al Sr. D. José Bocabella (a) Viuda Pla, de Barcelona, quien lo inició en El Propagador de la devoción a San José, dando todo esto pie al levantamiento del famoso templo de la Sagrada Familia”.

 

En 1874, cuando El Propagador hablaba por primera vez de levantar un “templo expiatorio”, afirma que se trata solo de un “pensamiento”. Y así lo calificaron José M. Bocabella y su yerno, Manuel de Dalmases, en 1890, en la escritura de renuncia a los derechos de propiedad del solar y del templo, exigida por el obispo de Barcelona.

 

Fue el genial arquitecto Antoni Gaudí quien, en plena sintonía con San José Manyanet, proyectó, y levantó en parte, un templo expiatorio y hermoso, elegante, dotado de gracia, nobleza y sencillez, porque iba a encerrar en sí todo el designio de Dios sobre la familia y la sociedad, revelado en Jesucristo.

 

En 1894, Mons. Josep Torras y Bages, obispo de Vic, mentor de Gaudí, en el Mes en honor de San Josep, publicado ese año, afirma en el prólogo: “Cataluña se ha distinguido en esta provechosa devoción, y, para mostrarlo a propios y a extraños, en la ciudad de Barcelona se va edificando un templo en honor de la Sagrada Familia, que será uno de los mayores y más elegantes de la cristiandad dedicado a San José”.

 

Y en 1925, tras la culminación de la torre de San Bernabé, el relojero del templo le hizo este breve comentario: “Fa goig”, causa satisfacción. También los papas Benedicto XVI y León XIV han definido el templo de la Sagrada Familia, de Gaudí, como un “encuentro con la belleza”.

 

Josep M. Blanquet, S.F.

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