
La mudanza
El capítulo de tener una vivienda en propiedad estaba prácticamente cerrado. Habíamos hecho algún intento previo con María, mi mujer, pero por una razón u otra no dimos el paso. La sorpresa llegó hace más de un año y medio. Una mujer mayor de la parroquia, sin hijos y viuda reciente, tenía muy claro que no quería vivir sola en una casa grande y ya tenía muy decidido que quería vender la casa, a poder ser a alguien de la parroquia. Nos llamó.





