“Nos acercamos al 90.º aniversario del inicio de la peor fractura contemporánea en la sociedad española… ¿Cómo ha cambiado a lo largo del tiempo la lectura de lo que ocurrió?”. Jordi Canal, historiador y profesor en la École des Hautes Études en Sciencies Sociales de Paris, bajo el título “Releer y reescribir la Guerra Civil Española” (Culturas, La Vanguardia, 13 junio 2026, 1), propone ocho historias que intentan ofrecer una perspectiva mínima de estas evoluciones interpretativas:
1939: El fratricidio se prolongó en las páginas escritas con dos interpretaciones contrapuestas e incompatibles. A diferencia de unos vencidos poco uniformes, los vencedores otorgaron una gran importancia en fijar el relato del conflicto. La Historia de la Cruzada española (1939-1943), dirigida por el periodista Joaquín Arrarás, refleja esta orientación y voluntad de establecer la verdad oficial.
1961: La salida del “guerracivilismo” de papel llegó del extranjero. Los hispanistas británicos tuvieron un papel básico en la introducción de una mirada más rigurosa y académica. Destaca, como obra fundamental y primigenia, La Guerra Civil española (1961), de Hugh Thomas.
1985: Los años que precedieron al cincuentenario del inicio de la Guerra Civil resultaron muy fértiles. Dejando atrás los sucesivos guerracivilismo, maniqueísmo y “todos fuimos culpables”, se planteaban otras miradas y perspectivas. Sin olvidar a otros, puede ejemplificar aquel momento la obra dirigida por el historiador marxista Manuel Tuñón de Lara, La Guerra Civil. 50 años después (1985).
1999: Si en las décadas de los ochenta y noventa parecía que se había instalado un mínimo acuerdo interpretativo, este se quebró, a la par que el propio ambiente político español, en el fin de siglo. Interpretaciones pro franquistas e idealizaciones republicanas compitieron de la mano de historiadores. Los libros de Pío Moa, empezando por Los orígenes de la guerra civil española (1999), alcanzaron superventas.
2006: La gran novedad del siglo XXI fue la entrada en escena de la memoria histórica –o democrática– como vía concurrente de la historia, trasladando al pasado las batallas del presente. De estas cuestiones trata el volumen dirigido por Santos Juliá, Memoria de la Guerra y del Franquismo (2006).
2011: Uno de los autores más prolíficos sobre la década de 1930 en España es Paul Preston. Más tarde sumó títulos de gran interés. La aparición de El holocausto español. Odio y exterminio en la Guerra Civil y después (2011) mostraba, ya en el título, sin embargo, hasta qué punto se había instalado en la historiografía de la guerra civil española un preocupante proceso de polarización.
2016: Tras unos tres lustros de actitudes memoricidas y de nuevos combates de tinta, el ochenta aniversario del inicio de la Guerra Civil nos dejó un pequeño gran libro que parecía anunciar el regreso definitivo de una historia sin adjetivos ni cortapisas empobrecedoras. En Historia mínima de la Guerra Civil española (2016), Enrique Moradiellos, conseguía presentar el conflicto en toda su complejidad y con un encomiable rigor historiográfico.
2021: En los últimos años se percibe, en la historiografía de la Guerra Civil, mayor ponderación, inserción internacional del conflicto, rescate de las individualidades y voluntad de aprehender la globalidad de la contienda. Representativo de ello es el libro de Jorge Marco, Paraísos en el infierno. Drogas y guerra civil española (2021), y otros.
Este análisis se puede completar con las aportaciones que otros historiadores, como Antonio Montero, Hilari Raguer, Vicente Cárcel Orti, Josep M. Martí Bonet, etc. han hecho como fruto del estudio e investigación en los archivos Apostólico Vaticano, diocesanos, religiosos y civiles.
* Blanes: Los Beatos Jaime Puig y Sebastián Llorens fueron las primeras víctimas de la persecución religiosa y guerra civil (30 julio 1936).
