El Papa León XIV estuvo los días 9 y 10 en Barcelona y fueron días muy intensos, casi imposibles de seguirle tanto por lo que respecta a los ocho actos oficiales como a otros tantos actos que podemos llamar secundarios, pero que tuvieron también su significado e importancia.
Podemos referirnos a la veneración del Santo Cristo de Lepanto y de las reliquias de Santa Eulalia, en la catedral; a la bendición de la caravana humanitaria para Ucraina en los alrededores del Estadio Olímpico; al rosario de Sergi que utilizó durante el rezo en el santuario de Montserrat; a la bendición del Sagrario de la capilla del aeropuerto; del báculo gaudiniano que recibió en la sacristía del templo; en el cáliz de la celebración central que dejó como recuerdo en el mismo Templo; en el descubrimiento de la placa que recordará su visita al Templo; o a la visita que realizó a la tumba del Venerable Siervo de Dios Antoni Gaudí en la cripta del Templo encendiendo una vela votiva…
Este último gesto devocional del Papa no tiene ninguna trascendencia canónica en vistas del Proceso de Beatificación y Canonización del Siervo de Dios, pero no deja de ser un signo que muestra la admiración y piedad del Papa hacia “el arquitecto de Dios y de la Sagrada Familia”.
Se explica por todo ello que el Papa, en la audiencia general del 17 de junio, se refiriese con satisfacción pastoral al reciente viaje a España:
[…] “En el caso de España, he podido notar con alegría cómo la gente, de todas las edades y condiciones, esperaba la visita del Papa: en todas partes he encontrado multitudes que me han dado la bienvenida con gran cariño. Este hecho no era algo que se pudiera dar por sentado, y merece una reflexión. Naturalmente, esta participación expresa, ante todo, como decía, la fe del pueblo español; al mismo tiempo, considero que manifiesta la necesidad generalizada de reencontrarse unidos sobre un fundamento verdadero y profundo, no ideológico ni de interés parcial. Ese fundamento que solo Cristo, en último término, puede asegurar, y que el Evangelio, a través de las necesarias “inculturaciones”, puede transmitir a la vida de los pueblos. Puede hacerlo porque su mensaje responde plenamente a estas dos exigencias: la búsqueda de la verdad y la sed de justicia.
“En Madrid y Barcelona, nos hemos reunido en las grandes catedrales, así como en los modernísimos estadios. Hemos rezado el Santo Rosario en la abadía de Montserrat. Hemos celebrado en la Sagrada Familia, símbolo majestuoso, sinfonía de piedra y luz que habla a todos del misterio cristiano. Este encuentro de lo antiguo y lo moderno, de la tradición católica y la cultura contemporánea, me ha hecho percibir directamente el carácter propio de Europa, su riqueza inestimable, como realidad actual, no superada. Se trata de un patrimonio que hay que custodiar con cuidado, para poder invertirlo en el hoy global con sus desafíos históricos: la paz, la ecología integral, el desarrollo equitativo y sostenible, el respeto a la dignidad humana.
“[…] Queridos hermanos y hermanas, el lema de este viaje apostólico era “Alzad la mirada” (cfr. Jn 4,35). Son palabras que Jesús dirige a sus primeros discípulos para enseñarles a ver en las personas y en las multitudes el deseo de vida, de verdad, de plenitud. El Señor repite estas palabras, a mí el primero, y con su gracia lo he experimentado durante el viaje. Hoy quisiera compartir con ustedes esta invitación: ¡alcemos la mirada! Aprendamos de Jesús a mirar al prójimo, la gente, el mundo, “con los ojos de Dios”, es decir, con amor, respeto y compasión” (Audiencia general, 17 junio 2026).
Josep M. Blanquet, S.F.
* El papa León XIV, frente a la tumba del Venerable Siervo de Dios Antonio Gaudí enciende una vela votiva (10 junio 2026).
