Todos: En el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo. Amén.
Lector: Jesús, María y José,
Todos: habitad siempre en nuestra casa.
Lector: Proteged a nuestra familia
Todos: y guiadnos hacia la Casa del Padre, en el Nazaret del cielo.
Es bien conocida la importancia vital que Jesús daba a la celebración de aquella cena pascual en Jerusalén con sus apóstoles. El lugar escogido para aquella celebración tan especial, fue en casa de una familia de Jerusalén. Sin duda, personas de su mayor confianza. Hay indicios de que se trata de la familia de quien, con el tiempo, será el evangelista san Marcos, que nos narra esta escena sobre su preparación, su desarrollo y los hechos posteriores en el huerto de Getsemaní, en las afueras de Jerusalén, donde Jesús fue detenido.
El primer día de los Ácimos, cuando se sacrificaba el cordero pascual, le dijeron a Jesús sus discípulos: «¿Dónde quieres que vayamos a prepararte la cena de Pascua?». Él envió a dos discípulos diciéndoles: «Id a la ciudad, os saldrá al paso un hombre que lleva un cántaro de agua; seguidlo, y en la casa adonde entre, decidle al dueño: “El Maestro pregunta: ¿Cuál es la habitación donde voy a comer la Pascua con mis discípulos?”. Os enseñará una habitación grande en el piso de arriba, acondicionada y dispuesta. Preparádnosla allí». Los discípulos se marcharon, llegaron a la ciudad, encontraron lo que les había dicho y prepararon la Pascua. Al atardecer fue él con los Doce. (Marcos 14, 12-17)
- En la ciudad de Jerusalén cada vez era más comprometido ser discípulo y seguidor del Mesías de Nazaret, en la medida con que avanzaban los enfrentamientos y amenazas de las autoridades contra Jesús. Mucha gente de Jerusalén se mostraba reacia respecto a Jesús y su mensaje. La familia que lo acogió a él y a los apóstoles en su casa fue valiente.
- Les cedió la sala superior de la casa para que celebrasen con intimidad y seguridad aquella cena tan esperada por Jesús. Y allí se consumó la marcha de Judas de la cena para cumplir su plan de entregar a Jesús. El lavatorio de los pies de los discípulos. La institución de la eucaristía. El despido de Jesús emotivo de sus apóstoles. El mandamiento de la caridad fraterna. Para aquella familia de Jerusalén, todos estos hechos tan relevantes en nuestra historia y vida cristiana, quedaron marcados como una parte de su propia historia familiar.
- Sin duda, al salir de la casa, Jesús y los apóstoles saludaron y agradecieron a aquella familia la acogida recibida. También ahora Jesús aprecia y agradece la colaboración que le ofrecen las familias cristianas cumpliendo con celo y amplitud de miras su tarea como familia, no solo en bien de la propia familia, sino con el fin de ayudarle a Él a desplegar en nuestro tiempo la obra de Salvación del mundo que inició con su muerte y resurrección y para ir sembrando semillas del Reino de Dios.
Para pensar y para dialogar con Jesús en casa
- Dar gracias al Señor, que ha querido contar con nuestra familia para llevar a cabo su obra, a pesar de nuestras limitaciones, faltas y dificultades.
- Ser y vivir como familia cristiana, es ante todo elección de Jesús. Él nos ha elegido a nosotros: «No me habéis elegido vosotros a mí, yo os he elegido a vosotros» (Jn 15, 16).
- Pedirle ayuda y esperanza para poder realizar lo que Él espera de cada uno de nosotros. Dar mucho valor a la oración en familia y por la familia.
