125 años de la muerte de san José Manyanet, profeta de la familia y educador

Queridas familias:

 

El día 17 de diciembre de 1901 entregaba su alma a Dios el P. Manyanet. Tenía 67 años y una vida plena. Estaba rodeado de los religiosos de la comunidad, atendido física y espiritualmente hasta el último suspiro. Sus palabras de “despedida” tras recibir el viático  fueron, como confirman los testigos: “Si adhuc sum necessarius, non recuso laborem; Fiat voluntas tua”.  Recordar este momento tiene como finalidad, no solo ni en primer lugar, mirar al pasado, sino renovar el compromiso de vivir el presente siguiendo las huellas y el ejemplo que nos dejó como religioso, sacerdote, educador y hacerlo “con nuestros pies y en nuestro mundo”. Y, si hay algo que, al recordar, podemos siempre actualizar, como religiosos y como familias, es:

 

  • Su amor privilegiado a la Sagrada Familia, centro de su vida y misión apostólica. La familia de Jesús sigue siendo un referente de nuestra vida por su ejemplo de amor, de humildad, sencillez y búsqueda del cumplimiento de la voluntad de Dios en sus vidas. Este amor a la Sagrada Familia es el centro, no solo de las familias, sino también de  la vida de los religiosos que han de “promover su culto y devoción” y han de realizar su misión apostólica proponiendo a la familia de Nazaret como “modelo y ejemplo” para las familias y las propias comunidades religiosas.

 

  • Su entrega y servicio total a las familias. Los padres son los primeros y principales educadores de los hijos y el hogar es un germen y fundamento de una renovación social y religiosa, siempre necesaria y urgente. El P. Manyanet nos recuerda que  “la paternidad es como un sacerdocio” y por ello los padres asumen la responsabilidad de “acompañar, exhortar, animar… en el camino de desarrollo de la vida de los hijos. No pueden ni deben dimitir de esta responsabilidad y, además, en todo han de dar ejemplo que es el mejor y más convincente modo de predicar.

 

  • Su misión educativa, medio “principal” para acercarse al modelo de Nazaret, junto a las propias familias. La “lectura de la realidad” le llevó a la convicción de que el tema educativo era prioritario. Por esta razón fundó dos institutos religiosos dedicados como misión principal a la enseñanza y se erigió como un pedagogo innovador al subrayar, como eje de su pedagogía, “la educación del corazón y del intelecto”, que significaba una educación integral y personal, fomentado el crecimiento en las virtudes y en los conocimientos, así como el fortalecimiento de la voluntad.

 

  • Su compromiso social que se manifiesta no solo en su ayuda a los más necesitados ofreciendo desde comida a becas de estudio, sino en su preocupación y clara opción por fundar colegios para “arbitrar recursos para favorecer a los hijos de los obreros”  y personas con menos recursos optando por una formación técnica, en escuelas-talleres, que ayudara a tener una buena profesión que permitiría ganarse la vida e integrarse en el mundo del trabajo con dignidad.

 

J.D.A.

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