“La vida, un don inviolable”

Con motivo de la Jornada por la Vida que se celebra el 25 de marzo, los obispos  de la Subcomisión Episcopal para la Familia y Defensa de la Vida, han publicado un Mensaje bajo el lema: “La vida, un don inviolable”, del que subrayamos algunos aspectos.

 

La verdad de la ciencia y la razón: la vida humana comienza desde la concepción

 

En su mensaje, los obispos subrayan que la defensa de la vida no es únicamente una cuestión de fe, sino también una conclusión que se desprende de la razón y de la ciencia. En este sentido, recuerdan que la biología reconoce de forma unánime que desde el momento de la fecundación existe un organismo humano vivo, con un patrimonio genético propio y un desarrollo autónomo. El embrión, subrayan,  no es un “proyecto de hombre”, sino un individuo real de la especie humana con identidad propia. Por ello, sostienen que el aborto supone objetivamente poner fin a la vida de un ser humano y constituye una grave injusticia.

 

El mensaje cita además palabras recientes del Papa León XIV, quien afirmaba que “a la luz  de esta profunda visión de la vida como un don que hay que apreciar, y de la familia como su guardiana responsable, rechazamos categóricamente cualquier práctica que niegue o explote el origen de la vida y su desarrollo. Entre ellas se encuentra el aborto, que interrumpe una vida en crecimiento y rechaza acoger el don de la vida”.

 

Las contradicciones de la sociedad

 

Los obispos expresan también su preocupación por la creciente tendencia a considerar el aborto como un derecho, incluso en legislaciones que pretenden elevarlo a rango constitucional o incluirlo en cartas de derechos fundamentales.

En este sentido, recuerdan una reflexión del presidente de la Conferencia Episcopal, mons. Luis Argüello, quien habló recientemente de una “paradoja biopolítica” presente en nuestras sociedades. Señalaba que en un mismo hospital puede ocurrir que un equipo médico trate de salvar a un bebé prematuro mientras, en otra sala, se practique un aborto sobre un feto de la misma edad gestacional.

 

Del mismo modo —añadía—, la ley puede castigar con multas o incluso prisión la destrucción de un huevo de águila mientras permite eliminar a un niño con síndrome de Down hasta etapas avanzadas del embarazo. Para los obispos, esta contradicción refleja un debilitamiento moral de la sociedad y una incapacidad de proteger al más vulnerable de todos: el no nacido.

 

Apoyo a las madres y a las familias

 

El mensaje episcopal subraya también que la defensa de la vida debe ir acompañada de un apoyo real a las mujeres y a las familias que afrontan dificultades durante el embarazo. Los obispos recuerdan que muchas mujeres se enfrentan a obstáculos estructurales que dificultan la maternidad, como la precariedad laboral, la falta de acceso a la vivienda o la debilidad de las políticas públicas de apoyo a la familia.

 

Asimismo, los prelados citan el reciente informe de la Fundación FOESSA, en el que se recoge que muchas mujeres ven su maternidad frustrada por «barreras estructurales» que parecen absolutamente insalvables: la precariedad laboral, la dificultad de acceso a la vivienda y la debilidad de las políticas públicas de apoyo a la familia.

 

Por ello, la Conferencia Episcopal propone impulsar una “alianza social para la esperanza a favor de la natalidad”, que permita crear las condiciones necesarias para que los jóvenes puedan formar una familia abierta a la vida y para que ninguna mujer se vea empujada al aborto por sentirse sola o sin recursos.  Y, en cualquier situación recuerda que: «La Iglesia debe ser un hospital de campaña que cuide la carne de Cristo en los sufrientes. Los no nacidos son los más pobres entre los pobres, pues no pueden defenderse, ni siquiera gritar, ante la agresión». 

 

Una llamada a construir una cultura de la vida

 

Finalmente, los obispos invitan a todos, creyentes y personas de buena voluntad,  a comprometerse activamente en la defensa de la vida, “a ser enamorados de la vida” y a rechazar lo que el magisterio de la Iglesia ha denominado la “cultura del descarte”. En este sentido, agradecen el trabajo de numerosas organizaciones y personas que acompañan a mujeres embarazadas en situaciones difíciles, ofreciéndoles apoyo material, psicológico y espiritual.

 

“El aborto no es una conquista, sino un fracaso personal y social”, afirman los prelados, que expresan su esperanza: “Soñamos con el día en que las futuras generaciones miren hacia atrás y les cueste creer que se sacrificaran millones de vidas en nombre de la libertad.”

 

Como cristianos, defendemos el derecho a nacer y a vivir dignamente multiplicando apoyos concretos para que madre e hijo sean protegidos con cercanía, recursos, verdad y siempre misericordia.  El ideal evangélico es alto, exigente pero, a la vez, profundamente humano y, por lo tanto, humaniza.

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