XI Jornada Mundial por el cuidado de la creación

El Santo Padre, en su Mensaje, invita a la Iglesia y al mundo a reconocer el profundo vínculo entre la paz, el cuidado de la creación y la conversión del corazón. Bajo el tema elegido para este año: «Con sus espadas forjarán arados y podaderas con sus lanzas» (Is 2, 4) retoma la visión profética de Isaías, en la que los instrumentos de guerra se transforman en herramientas capaces de sostener y alimentar la vida. El Santo Padre parte de la contemplación de la vida como don de Dios y recuerda la vocación común de los cristianos a construir una civilización del amor. Ante las numerosas crisis que atraviesan nuestro mundo, el Papa subraya que el sufrimiento humano y la destrucción del equilibrio armonioso de la creación no son realidades separadas: «constituyen un único clamor de sanación y de paz que se eleva desde un mundo herido».

 

Al mismo tiempo, recuerda que, citando al papa Benedicto XVI, «los desiertos exteriores se multiplican en el mundo, porque se han extendido los desiertos interiores» (Homilía en el Solemne Inicio del Ministerio Petrino, 24 abril 2005). Esto nos llama a reconocer que lo que está arruinado en nuestro entorno, de alguna manera, también lo está dentro de nosotros. Para construir una sociedad pacífica, debemos entonces no solo reformar estructuras, sino renovar nuestros corazones. Las causas subyacentes del conflicto y la explotación de la creación provienen de una crisis ética y cultural, así como de una pérdida del sentido de los límites, del deseo de dominación, de la búsqueda del beneficio inmediato y de la incapacidad de reconocer la dignidad dada por Dios a cada persona humana».

 

Y añade: «Con la ausencia de esta transformación interior, la paz permanecerá frágil y será efímera. Pero donde los corazones se renuevan, comienzan a abrirse nuevas posibilidades. Lo que ha sido utilizado para la destrucción puede ser redirigido hacia la vida: al cuidado de los pobres, al sustento alimentario de los hambrientos y al cuidado de la creación. Este es el camino de la auténtica conversión ecológica, donde los efectos de nuestro encuentro con Jesucristo se hacen evidentes en nuestra relación con el mundo que nos rodea (cf. Francisco, Laudato si’, 217). «La paz entonces comienza en nuestro corazón y se proyecta hacia nuestras relaciones, nuestras comunidades y al mundo en su conjunto».

 

Para concluir: «Los auténticos instrumentos para la construcción de la paz no son las armas destructivas; al contrario, lo son la verdad, el diálogo, la paciencia, la bondad, la justicia, la misericordia, la comprensión, el cuidado y el amor. Estos instrumentos brotan de los corazones formados por el Evangelio y sostenidos por la gracia de Dios. Solo estas cualidades poseen el poder de transformar individuos, renovar comunidades y sanar las heridas de nuestro mundo».

 

En medio del ruido, las prisas, los mensajes que llenan el día a día, pongámonos, recuerda el Papa, «en modo silencio», no para ignorar la realidad, sino para transformarla desde el propio corazón; para escuchar la voz de Dios que habla a través de las criaturas; para armonizar el interior y ser capaces de elevar la mirada hacia el Creador de todas las cosas. Se trata, en el fondo, de crear las condiciones necesarias para contemplar, para reconocer la presencia de Dios y descubrir el lugar que cada persona ocupa en su creación. Precisamente, la conciencia de nuestro lugar en el plan de Dios nace de la contemplación, del silencio, del encuentro. Y esta conciencia es la que nos urge a la responsabilidad de contribuir a «restaurar las relaciones entre las criaturas conforme a la voluntad de Dios». El silencio, el encuentro con uno mismo, lleva a la conversión, al cambio y también al compromiso. Por eso siempre es necesario parar durante unos minutos, silenciar el ruido que ocupa la jornada y volver a escuchar.

 

Los obispos españoles en su Mensaje, concluían: «El lema del reciente viaje del Santo Padre a España ha sido «¡Alzad la mirada!» (Jn 4, 35). Alzad la mirada hacia Cristo y alzadla para ver los campos que esperan la cosecha de la caridad. En esta Jornada Mundial de Oración por el Cuidado de la Creación, os invitamos a hacer de la conversión ecológica una experiencia profunda y comunitaria. Hagamos que cada gesto de sobriedad, cada esfuerzo por la justicia energética, cada acto de acogida al migrante y cada palabra de paz sean instrumentos con los que forjamos arados para cultivar una humanidad nueva».

Más artículos

Iniciamos un nuevo curso escolar 2026-2027 bajo el lema «Alza la mirada»

Son palabras que acompañaron la visita del papa León XIV a nuestro país, de la…

26 de septiembre 2026 – «Manteneos unánimes y concordes…»

“Donde no hay amor pon amor y sacarás amor”. No conducen a ningún lugar las…

La casa de la última cena

Es bien conocida la importancia vital que Jesús daba a la celebración de aquella cena…