El capítulo de tener una vivienda en propiedad estaba prácticamente cerrado. Habíamos hecho algún intento previo con María, mi mujer, pero por una razón u otra no dimos el paso. La sorpresa llegó hace más de un año y medio. Una mujer mayor de la parroquia, sin hijos y viuda reciente, tenía muy claro que no quería vivir sola en una casa grande y ya tenía muy decidido que quería vender la casa, a poder ser a alguien de la parroquia. Nos llamó.
Vaciar y renovar una casa antigua ha costado tiempo, dinero y dedicación -especialmente de mi mujer-, pero ha valido la pena: Desde hace unos días ya estamos instalados allí. Todavía con muchas cajas por ordenar y también con muchas cosas por hacer. Todo se andará.
LA FAMILIA Y LOS AMIGOS
Estos últimos meses han sido diferentes, con todas las dificultades previstas e imprevistas que implica una obra, pero también con muchas sorpresas positivas, con muchas muestras de solidaridad y cariño por parte de familia y de amigos. Muchas preguntas, muchos interrogantes se han ido resolviendo a medida que se iba haciendo camino. ¿Cómo vaciaremos la casa? Nuestros hijos y sus amigos nos han regalado muchas horas de trabajo y han hecho mucho ambiente entre ellos. También los cuatro voluntarios que están esté año en nuestra ciudad haciendo su experiencia de voluntariado junto con otros amigos de nuestra asociación se han sumado a la obra. ¿Tendremos que pedir un aumento de hipoteca por los gastos sobrevenidos? Una persona de nuestro círculo nos hace un préstamo a interés cero; la familia arrima el hombro. ¿Quién acompaña a María, arquitecta, con toda la responsabilidad técnica que implica una obra así? Compañeros de su trabajo suman sin hacer ruido ni pedir contraprestaciones económicas. ¿Cómo vamos a hacer la mudanza? Amigos se nos ofrecen: dos sábados muy intensos pero muy bonitos. Ambiente alegre, jovial. Muchos momentos entrañables que ponen el foco en lo esencial: las personas, las relaciones, la amistad, la comunidad. Una amiga nuestra prepara comida para todos: compartimos trabajo, compartimos mesa. Pienso que no estamos lejos de la mesa de la Eucaristía. Siento Su presencia entre nosotros. Y como en la Eucaristía: un regalo desproporcionado. Nuestra gran sorpresa es haber recibido mucha ayuda sin haberla pedido directamente.
Devolvemos las llaves de nuestra vivienda anterior. Vacía, desnuda, sin vida. ¡Cuántos recuerdos! ¡Cuántas vivencias! Todo lo vivido se queda en el corazón, se viene con nosotros. No queremos dar espacio a la nostalgia, sino al agradecimiento sentido y a seguir poniendo nuestra atención en lo esencial.
EL HOGAR
La aventura continúa. Nuestro deseo es que nuestra nueva casa se convierta en un hogar para la familia cercana y lejana, para los amigos y para todos aquellos que se crucen en nuestras vidas. Que no olvidemos nunca que el hogar lo forman las personas, no las paredes. Que aprendamos a vivir ligeros de equipaje, en modo “mudanza”, para que cuando nos llegue la mudanza definitiva, tengamos el corazón lleno de personas y de encuentros.
Entretanto que San José Manyanet nos siga inspirando y ayudando para hacer de nuestro hogar un Nazaret.
Édison Fañanás Lanau
